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Ecología, Cosmovisión y Economía Crítica |
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Historia
de la Conciencia; De la Paradoja
al Complejo de Autoridad Sagrada
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Morris Berman
Volúmen III trilogía
sobre la Evolución de la Conciencia Humana
(junto con El Reencantamiento
del Mundo y Cuerpo y Espíritu
)
Edición
hecha por Cuatro Vientos de las palabras pronunciadas por Jaime
Duhart, Prorrector de la U. Bolivariana en la Presentación
Libro Historia de la Conciencia. Feria del Libro. Nov. 2004.
Agradezco a Editorial Cuatro Vientos por la oportunidad de participar
en la presentación de un libro realmente fascinante. He seguido
la secuela de esta trilogía y la verdad es que todos los
libros de Morris Berman me han parecido muy interesantes y provocadores.
No siempre estoy de acuerdo con sus formas de percibir la realidad
que estudia, pero la línea central de sus argumentos sí
me parece bastante atractiva y gatilla en mí reflexiones
profundas en cuanto a mi propia experiencia en estos campos. Si
bien es cierto yo soy economista, me considero un economista no
muy ortodoxo y he incursionado en otras disciplinas como la antropología,
al igual que sobre psicología, física etc., y en esta
constante búsqueda de elementos que me permitan ir desarrollando
un pensamiento propio, Morris Berman ha contribuido de una manera
muy ejemplar e importante.
El desafío de presentar este libro es grande y difícil
porque es un libro denso, no en el sentido que sea difícil
de leer sino por la variedad de temas que toca y porque la fundamentación
de sus argumentos está basada en lecturas muy prolijas de
otros autores a los cuales cita muy rigurosamente. Es un libro que
tiene rigurosidad académica en ese sentido y eso también
es parte de su atractivo. A mí personalmente no me molesta
el título original en inglés “Wandering God”
ni ver el nombre de Dios en la portada de un libro pero, comprendo
que puede ser no muy atractivo en un mundo más bien secular.
Ahora, al final del libro me doy cuenta porqué Berman le
pone ese título. En el transcurso del libro, yo lo veo a
él en una posición bastante irreligiosa, más
en sus palabras y en sus discursos que en el proceso mismo, que
yo veo como una búsqueda, una búsqueda personal muy
honesta. Y en esa búsqueda también trata de conocerse
a sí mismo.
La Historia de la Conciencia es parte de la búsqueda de una
respuesta a qué somos y eso invariablemente nos lleva a la
filosofía, a la ciencia y también a la religión,
que son sistemas de conocimiento que han tratado de dar la respuesta.
Esta Historia de la Conciencia, para poner en escenario su argumentación,
él la vincula, muy directamente con actitudes que tendríamos
hoy día los seres humanos heredadas –él dice—del
Paleolítico tardío que es una forma, aunque sea muy
inconciente, “religiosa” de ver la realidad. Aunque
no necesariamente practiquemos una religión, para él,
esta forma religiosa de percibir la realidad es tan inherente a
nuestra cultura occidental judaico-cristiana, que es la forma como
nos paramos frente al mundo y percibimos la realidad. El hace una
distinción entre esta mirada “religiosa” y el
tema de la espiritualidad, pues no necesariamente la espiritualidad
está asociada a una forma religiosa.
En su argumento parte tratando de probar que el ser humano, la sociedad
cazadora-recolectora en el Paleolítico no necesariamente
era religiosa, sino que su espiritualidad consistía en un
ser y un estar en el mundo que él denomina “paradoja”.
Y la denomina así porque es un ser y estar en el mundo en
que, simultáneamente, se experimenta lo individual y lo universal.
El en su desarrollo y fundamentándose en lo que aportan las
ciencias biológicas dice que esta paradoja es como una continuación
en el ser humano del proceso evolutivo de lo que llamamos el alerta
animal. El animal, especialmente el predatorio que busca su presa,
o aquél que es buscado, está en una permanente alerta
como parte de su supervivencia, y esta alerta animal continúa
en el ser humano, en este proceso evolutivo que él llama
paradoja y que muchas de las pinturas que existen en cavernas en
Europa, especialmente en Francia y en otros lugares del mundo, que
tradicionalmente antropólogos y arqueólogos han interpretado
como escenas que muestran algún tipo de ritual religioso
o personas en algún tipo de trance primitivo o éxtasis
podría interpretarse de una manera diferente. La interpretación
de que sean expresiones de “religiosidad” no serían
sino proyecciones hacia el pasado de categorías de pensamiento
contemporáneas que no necesariamente reflejarían lo
que efectivamente estaba pasando en ese momento histórico
de la evolución del ser humano. Estas pinturas muestran,
por ejemplo, personas que usan elementos o pieles de animales, cabezas
de animales, y están tendidos en el suelo. El dice cómo
en una sociedad cazadora recolectora puede ser una forma natural
el tratar de asemejarse a los animales que cazaban, de acercarse
a ellos y hacer más expedita, más fácil su
faena de caza. Pero esa es una de las tantas interpretaciones que
podemos tener respecto a esas escenas y por lo tanto él trata
de empujar, de trasladar el origen de la religión practicada
por los pueblos de la antigüedad al Paleolítico tardío
o a comienzos del Neolítico.
Ahora esa paradoja, esa forma de ser y estar en el mundo, tan integrada
de la conciencia con la naturaleza da origen a formas de organización
y relaciones sociales de tipo horizontal, donde existe una confianza
en el grupo, existe una confianza en el entorno. Esas sociedades,
a través del estudio de vestigios que han dejado, serían
sociedades organizadas horizontalmente donde no había jerarquías
y vivir lo sagrado era precisamente estar en el mundo, ser parte
del mundo. Es una época donde el proceso evolutivo, en que
el ser humano como especie toma conciencia de sí mismo, descubre
al otro y comienza a diferenciarse de él, y descubre también
el entorno. Pero esa primera fase en este proceso de descubrimiento
de sí mismo, este tener conciencia de sí mismo es
una fase todavía muy temprana, muy cercana a la naturaleza,
es lo que llama en uno de los libros anteriores, una fase de conciencia
participativa: se es uno con el mundo. El usa una analogía
para desarrollar el concepto: las fases o estadios de la evolución
del ser humano como individuo, desde que nace hasta que llega a
la edad adulta, especialmente la transición de la toma de
conciencia de la infancia a la niñez, que varía según
la cultura, pero que él toma de unos 18 meses a tres años,
y después hasta que viene la diferenciación gradual
de la adolescencia hasta llegar a la adultez. Entonces, esta distinción
que hace Morris Berman le permite explicar porqué se produce
un cambio en nuestra concepción de lo sagrado en la etapa
Paleolítica, en que necesariamente, de esa condición
de movilidad que tenía el cazador recolector se llega a sociedades
sedentarias donde al asentarse la sociedad humana, comienza una
serie de dinámicas y procesos sociales que dan origen a lo
que él llama una economía de retorno retardado. La
economía del cazador recolector es de retorno inmediato.
Cada día es el desafío de qué se va a comer.
No hay planeación, se vive prácticamente como un eterno
presente, no hay pasado, no hay futuro estamos muy cerca todavía
de una condición animal que es eterno presente.
Comienza una diferenciación que se acentúa en la sociedad
agraria donde ya el ser humano ha comprendido el tiempo lineal,
tiene una historia, un presente y se proyecta al futuro. Ya el tiempo
no tiene que ver solamente con los ciclos sino que también
es lineal y desde esa perspectiva comienza la acumulación,
comienza a guardarse los productos de la agricultura, se cuida a
los animales, se desarrolla la producción animal y necesariamente
surgen las jerarquías dentro de la sociedad. Se hace necesario
alguien encargado de la distribución, del cuidado de todas
estas cosas y junto con eso surge una nueva forma de vivir la espiritualidad,
que él llama “el complejo de la autoridad sagrada”
donde, desde la horizontalidad de la época cazadora-recolectora,
se pasa a una verticalidad y toda la organización social
comienza adoptar esta forma vertical y jerarquizada, que él
atribuye, a una religiosidad que tiene que ver con la creación
de dioses y diosas y no con el vivir en ese estado de ser conciente
que se es conciente y eso considerarlo como lo sagrado de la vida.
Ya lo sagrado se proyecta verticalmente, comienza un proceso de
separación entre el mundo mundano, la realidad física
y una realidad que sería diferente en el plano ya más
espiritual.
Aún dentro de este complejo de autoridad sagrada, que es
el trance unitivo, esa búsqueda de digamos fusión
con la deidad, ese trance o éxtasis que está presente
en nuestra cultura hasta el día de hoy aunque no seamos concientes
de ello. En otras palabras todo lo que hacemos, ya sea individual
o institucionalmente, no sería sino que un reflejo de este
complejo de autoridad sagrada, y él históricamente
pone el momento en que esto surge, a partir de una figura profética,
el fundador por así decirlo de la religión revelada
y cuya visión produce un quiebre bastante profundo y definitivo
entre lo divino y lo mundano. Esta figura sería Zoroastro,
que no hay consenso entre los historiadores, pero su aparición
se sitúa por allá por el año 200 A.C. El dice
que hasta ese momento, este complejo de autoridad sagrada en las
religiones, que él llama preacciales, como por ejemplo la
religión que habría en Egipto, si bien había
otro mundo, había dioses, este otro mundo y estos otros dioses
eran como paralelos a este mundo, incluso los dioses y diosas experimentaban
las mismas emociones y experiencias que nosotros los seres humanos
–entre ellos había celos, luchas, incluso algunos morían
y se creía que había un más allá físico,
de ahí que en las tumbas, el cadáver era acompañado
de utensilios, alimentos, etc. Eso es una interpretación
suya. Con Zoroastro empieza una época que llama “axial”
y que da origen a una serie de otras religiones reveladas en el
futuro que tienen una pauta común que tiene que ver con esta
distinción entre el cielo y la tierra y el tema de la salvación,
con una visión dualística en que lo divino es algo
completamente inalcanzable y separado de este plano de la existencia.
Surge la promesa de un salvador, la promesa de un Mesías,
incluso esta visión apocalíptica que no está
solamente en el Zoroatranismo sino que también en el judaísmo,
en el cristianismo, en el Islam, de que en una época futura
en una batalla cósmica Dios triunfará sobre el mal,
o sea, el demonio. Esto no existía antes de Zoroastro. Ahora
lo que a él le perturba en la sociedad actual y en la cultura
contemporánea especialmente la cultura occidental es que
esta visión Zoroástrica, presente en todas las religiones
posteriores, es algo que se ha trasladado también a otras
esferas de la vida humana y que también es el origen de las
utopías y por lo tanto de las ideologías. Para simplificar
su argumento, estas utopías y estas ideologías no
serían sino la búsqueda de soluciones pero, no la
búsqueda de simples soluciones, sino que la búsqueda
de soluciones totalizantes. Esto de ver el mundo blanco o negro,
en que el blanco es lo bueno y el negro lo malo y que todas las
respuestas a los problemas humanos que siguen esa pauta de una solución
final es una pauta religiosa heredada de la visión Zoroastriana.
Berman dice que esto continúa hoy en día y en su análisis
y reflexión se detiene bastante en lo que hoy día
se conoce como “la búsqueda de nuevos paradigmas”.
Considera que esta búsqueda de nuevos paradigmas es una búsqueda
también totalizante en la que él no se ve. Esa pauta
está presente también en la intelectualidad occidental
actual, moderna y postmoderna a través de un concepto tomado
del francés que él recoge de un periodista norteamericano
que escribe en el New Yorker, el “dérapage” que
significa deslizarse y es un término que se originó
en el estudio posterior que se hizo de la revolución francesa
y que sintetiza el fenómeno que aquí ocurre. El dice
que la revolución francesa tuvo una base moral, en la búsqueda
y la defensa de los derechos del hombre –libertad, igualdad,
fraternidad—pero que prontamente se “desliza”
a lo que es el Régimen del Terror y desde el Régimen
del Terror surge una nueva ideología donde están las
elites, están las jerarquías y que eso continúa
sucediendo hoy en día. O sea, vivimos en un constante “dérapage”.
Quisiera rescatar la parte final pues es imposible abarcarlo todo.
Este libro tiene temas muy interesantes, que no he alcanzado a tocar,
pero definitivamente yo les recomiendo este libro. Es muy entretenido
y sobre todo gatilla la reflexión: eso es lo que produjo
en mí. Un tercio del libro son Notas, lo que lo hace más
interesante aún y uno aprende mucho de ellas. Al final del
libro Morris Berman de alguna manera propone una integración,
una articulación de tres contracorrientes del pensamiento
occidental que están presentes en el libro, uno de los cuales
es el tema de la paradoja.
El habla del “Dios Errante” como titula su libro en
inglés y al hablar de él, les quiero leer esa parte
pues lo considero muy interesante. En esta parte él dice:
…“En esas raras oportunidades…….he tenido
la sensación de que hay un Dios Errante que está alrededor
o dentro de mí. Entonces, cada días es como una moneda
de oro, como si siempre estuviera en la Gran Barrera de Coral. Y
pienso: sí, vale la pena, no se puede poner precio a este
tipo de seguridad….”
Uno llega a comprender ese concepto después de haber leído
todo el libro y tiene que ver con el movimiento, con esta espiritualidad
nómade.
El no descarta a Dios, sí le pone un apellido.
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