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Colección
Educación, Filosofía y Mediación |
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Cuentos de Grimm y Perrault
Angélica Edwards
La autora, Angélica Edwards Valdés,
inspirada, entre otros, en el pensamiento de Gabriela Mistral, quien
propuso como actividad pedagógica crear en los colegios “La
Hora del Cuento” con el objetivo de despertar en el niño
el apetito de leer, a través de la lectura de un cuento clásico
que después era comentado con el profesor, ha escrito este
libro dirigido sobretodo a profesores, bibliotecarias, abuelas,
madres, tías y a todos a quienes quieran comunicarse con
los niños a través de la lectura, la palabra, la conversación.
Estos textos van hacia los oídos y también hacia los
corazones de quienes los escuchan, tanto niños como adultos,
a todos aquellos de espíritu sensible interesados en la vida,
la literatura, los niños, la educación.
En la primera parte del libro tenemos versiones,
originales y completas, de seis cuentos clásicos, muy bien
elegidos, provenientes de la tradición oral, reescritos por
una destacada pedagoga y académica, experta en literatura.
La segunda parte del libro está conformada
por estudios, conversaciones y también pautas de posibles
preguntas que hacerle a los niños en torno a los relatos.
Es un texto para ser leído al otro.
Estas versiones, han sido reescritas cuidando tanto
el idioma castellano, como el ritmo literario y de lectura de los
pequeños. La autora se ha preocupado particularmente de la
belleza y elegancia del idioma -rasgos propios de la literatura
clásica-, pues los niños son esencialmente sensibles
y gustan del buen lenguaje, del cual se haya tan desprovista nuestra
cultura nacional. Son narraciones, claras, fuertes, directas, para
niños y para grandes, como lo es toda buena literatura, rica
en matices, detalles, situaciones.
En su investigación sobre los clásicos,
la literatura, y los niños, la autora se encontró
con los estudios de Bruno Bettelheim, sicólogo experto en
los cuentos clásicos, cuyos conceptos también han
sido muy inspiradores en la formación de su pensamiento pedagógico.
Algunos de ellos, son breve pero ilustrativamente expuestos, en
los comentarios en torno a los cuentos.
Las versiones corrientes de los cuentos clásicos
son muchas veces malísimas. No sólo en cuanto al uso
del idioma sino que, buscando una “adecuación”
al niño, estas narraciones han sido censuradas, mutiladas
y convertidas en una “caricaturización” del mundo.
Se han querido “suavizar” los cuentos, sin tener en
cuenta el gusto, la inteligencia y la capacidad de percepción
de los niños, olvidando que a través de la televisión
y muchas veces en sus propias casas, están expuestos a mucho
más violencia. Tenemos que estar dispuestos a considerar
la agresividad como parte de la naturaleza humana, para poder no
tan sólo reprimirla, sino reconocerla y dominarla.
Muchos adultos no sospechan el grado de comprensión
que los niños tienen de la condición humana, ni su
profunda capacidad de observación. Este desconocimiento se
halla en la base de la falta de diálogo entre grandes y pequeños.
Este intercambio de ideas no nace de la noche a la mañana,
se cultiva: para educarlo en los niños, debemos educarlo
también en nosotros mismos.
Fruto tanto de sus investigaciones como de su larga
experiencia en “La Hora del cuento” en distintos lugares,
la autora, en sus conversaciones con los niños, se da cuenta
cómo éstos son capaces de expresarse, de opinar y
de conversar con gente de cualquier edad. Sus respuestas insólitas,
sorprendentes, han sido capaces de encantar profundamente a sus
padres y muchas veces constituyen el inicio de una buena conversación.
Cuando contamos un cuento y cuando conversamos con un niño
en torno a este cuento, va naciendo entre niños y grandes
una relación no solamente entretenida y amistosa, sino que
además un profundo cariño.
El leer o escuchar bien un cuento tiene un poder
de catarsis. El cuento clásico, recogiendo una sabiduría
mítica, profundamente humanista, nos expone a situaciones
arquetípicas, capaces de hacer aflorar nuestra imaginación
y nuestro inconsciente.
Es importante que los adultos podamos contribuir
a despertar la inteligencia y el corazón del niño,
a través del diálogo y el respeto por sus preguntas,
sus observaciones y sus opiniones sobre lo que ven, oyen, discurren,
imaginan. Este diálogo, llevado a cabo con seriedad, a menudo
nos cuestiona a niños y grandes. Se nos desmoronan prejuicios,
se debilitan convicciones que manteníamos con cierta satisfacción,
y van naciendo modos de pensar originales, libres, que rompen las
ideas recibidas del medio ambiente en que vivimos. Esto resulta
particularmente importante en momentos en que el diálogo,
el tema del otro, la aceptación y la tolerancia, son temas
cruciales para afrontar el proceso de globalización que estamos
viviendo.
Montaigne recalca la importancia de que el maestro
no hable solo:...”es necesario que oiga a su discípulo
hablar a su vez (...) pues la verdad y la razón son patrimonio
de todos”, y cita a Cicerón, que dice: “La autoridad
de los que enseñan perjudica a los que quieren aprender”.
Estamos frente a una verdad fundamental si queremos poner en práctica
un método participativo en la educación: los que enseñamos
no somos dueños de la verdad; ella pertenece por igual al
maestro como al discípulo, por lo tanto, debemos estar muy
atentos para no imponer nuestro modo de pensar, nuestros puntos
de vista.
Esta conversación dará flexibilidad
al lenguaje escrito de la narración, agilizará la
mente del que habla, sacando afuera un idioma vivo, espontáneo.
Proporcionará al niño capacidad de análisis,
profundidad y perspicacia. En un tiempo tan acelerado, de tanta
superficialidad, tan falto de buena conversación, la Hora
del Cuento nos saca del tráfico cotidiano, para encontrarnos,
unos y otros, a través de la palabra, en un espacio acogedor
donde se pone en práctica el
interés y el respeto por el otro.
Pedagógicamente es un texto extremadamente
valioso, lúdico y participativo, una herramienta de trabajo
apta para ser usada en varias asignaturas, contribuyendo así
a una formación más integral del niño, objetivo
transversal de la educación. Además una entretenida
oportunidad de contrarrestar con “humanidades” la tendencia
creciente hacia la especificidad, la imagen, la tecnología.
Patricia Bravo
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