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Colección Educación, Filosofía y Mediación

   

La Presencia de lo Ausente
Ensayo sobre el deseo
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César Ojeda Figueroa

P R O L O G O

Los primeros borradores de este libro no incluían un prólogo aunque sí una escueta introducción. Me parecía que si fuera posible hacer una breve síntesis del contenido del libro, su escritura in extenso consistiría sólo en agregar detalles o demostrar fuentes y referencias. Sin embargo, la insistencia de Félix Schwartzmann y una breve conversación con Francisco Varela, me hicieron cambiar de opinión -no respecto de lo ya señalado- sino de lo que debe ser una introducción. La conversación con Varela ocurrió diez minutos antes de que él diera una conferencia plenaria en el Simposio Regional de la Asociación Mundial de Psiquiatría (WPA), que organizaba en Chile la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía, de la cual yo era presidente en ese momento. El día anterior le había entregado un manuscrito del borrador de la obra, no sólo porque uno de los capítulos está dedicado a discutir algunos aspectos de sus puntos de vista respecto de la cognición como "enacción", sino como una forma de agradecer su presencia en una actividad psiquiátrica.

Jamás esperé que al día siguiente, y sólo a minutos de dar una conferencia ante más de 600 personas, me informara de su lectura preliminar del borrador y me hiciera tres importantes críticas: la primera se refería a que yo había leído sus libros de manera parcial, en el sentido de que me había saltado los vínculos que en varios de ellos él establece entre ciencia cognitiva y budismo zen. Efectivamente, y como yo mismo le había señalado, mi ignorancia respecto del budismo zen me había hecho seguir sólo la línea de sus puntos de vista frente a la cognición que se inscriben en el marco de la ciencia occidental y que yo podía entender. Pero entonces -me expresó- yo no tenía la "arquitectura de su pensamiento" y difícilmente podría comprender algunas de las partes aisladas. La segunda era que yo analizaba el pensamiento de Humberto Maturana en uno de los capítulos, pero incluía allí la obra El Arbol del Conocimiento, y que si bien yo indicaba el nombre de Maturana y Varela como sus autores, en el texto daba por sentado que estaba analizando conceptos de Maturana. La tercera, era que la tesis de mi libro (la presencia de lo ausente) ya había sido sustentada (por él mismo) en décadas pasadas y que yo no podía omitir ese hecho.

Confieso que las opiniones de Francisco Varela me obligaron a releer desde esa mirada los capítulos correspondientes. Después de ese proceso, le encontré razón en algunos aspectos y no lo hice en otros. Efectivamente, en muchos pasajes del capítulo dedicado a Humberto Maturana yo daba por supuesto que se trataba de ideas de él, a pesar de haber citado correctamente en la fuente la autoría compartida con Varela. Eso fue corregido hasta dónde me fue posible, en la medida en que los conceptos desarrollados en esa autoría compartida han persistido en los desarrollos individuales de las obras posteriores, tal vez con mayor presencia explícita en las de Maturana.

Respecto del segundo punto, y después de haber releído las obras que me servían de base y haber agregado Un puente para dos miradas a ellas, seguí pensando lo mismo: que la concordancia de las tradiciones de sabiduría con algunos aspectos de algunas ramas de la ciencia cognitiva no agregaban nada esencial a los puntos que en este libro son discutidos. Naturalmente eso no significa que no agreguen nada a una concepción transcultural acerca del conocimiento y que no representen un importante desafío a la ciencia y al sentido común cotidiano de occidente. Posiblemente en una obra dedicada por entero a cualesquiera de los autores comentados, sería necesario incluir toda la arquitectura del pensamiento de cada uno de ellos, lo que no es el objetivo del presente libro.

Respecto de la tesis de la "presencia de lo ausente", una revisión acuciosa de las fuentes, incluida la bibliografía de uno de los prólogos de la segunda edición de De Máquinas y Seres Vivos, escrito por Varela 20 años después de la primera edición, no me permitió encontrar algo al respecto. La única excepción fue un párrafo en el libro Etica y Acción, en el que textualmente dice: "...la unicidad del yo cognitivo es esta ausencia constitutiva de significado que debe suplirse constantemente frente a las permanentes perturbaciones y rupturas de la vida percepto-motriz. La cognición es acción en relación con lo que falta, es llenar la falla desde la perspectiva de un yo cognitivo". Desgraciadamente este párrafo no está acompañado de alguna referencia bibliográfica que me permitiera rastrear un desarrollo exhaustivo de esta idea, que por lo demás comparto plenamente.

Sea como fuere, es evidente que hay muchos autores, partiendo por Freud mismo y siguiendo con Melanie Klein, Lacan, Lyotard y numerosos otros, que han desarrollado algún aspecto de la idea de "falta". Sin embargo, el contexto es a mi juicio diferente al que yo intento en estas páginas. Tal vez por eso mismo he reconsiderado mi postura frente a la opinión de Félix Schwartzmann: una introducción es necesaria, no como una síntesis, sino como el contexto que facilite la lectura del pensamiento expresado. La dificultad para ello reside -en este caso- en que el origen de La Presencia de la Ausencia se remonta a un grupo de estudios de psicopatología cuya intelección es particularmente engorrosa, debido a que remiten a fenómenos muy alejados de la experiencia cotidiana y que son muy difíciles de desarrollar en el marco de una introducción. Por ejemplo, la experiencia delirante, central en la inspiración del presente texto, no es, sin embargo, su tema. Dicha experiencia no puede ser transmitida adecuadamente si no se ha tenido la oportunidad de estar frente a personas que deliran, de allí que, para una lectura preliminar, remitimos al lector al libro Delirio, Realidad e Imaginación publicado en 1982.

C. O. F.

   
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