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Colección Educación, Filosofía y Mediación |
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Revista
Duederías, publicada en Zamora, España
Ojos de Lechuza (Guía
de Reseñas), 2004
Pablo Redondo Sánchez
Facultad de Filosofía
Universidad de Salamanca
Ser-en-el-Mundo
Comentario a la Sección Primera de Ser y Tiempo
de Martin Heidegger
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Dreyfus, Hubert L., Ser-en-el-mundo.
Comentarios a la División I de Ser y tiempo de
Martin Heidegger. Con un apéndice de Hubert Dreyfus
y Jane Rubin: Kierkegaard, la Segunda División de Ser
y Tiempo y el Heidegger tardío. Traducción
de Francisco Huneeus y Héctor Orrego, Cuatro Vientos Editorial,
Santiago de Chile, 3ª ed., 2003.
Que una de las obras fundamentales
de Heidegger como Ser y tiempo provocó desde su aparición
allá por el año 1927 un torrente de reacciones que
cristalizaron en innumerables interpretaciones es algo en lo que
toda insistencia está de más. Con el paso de las décadas
los interesados en este autor insoslayable en la filosofía
contemporánea se han ido alimentando ante todo de las lecturas
provenientes de Alemania y también de las que, aun innovando
considerablemente con respecto a ellas, no dejaban de tener un cierto
aire de familia. En términos generales, Heidegger no fue
tan bien acogido en el ámbito anglosajón, donde suscitó
reacciones furibundas, también innumerables, cuando no una
indiferencia no menos notoria. Aunque en la actualidad la situación
ha cambiado considerablemente –basta comprobar, por ejemplo,
que la investigación más pujante sobre el Heidegger
temprano proviene de Estados Unidos y no de Alemania-, en su momento
los trabajos de Dreyfus fueron innovadores en la recepción
de este autor fuera del ámbito germano. El prologuista de
la edición española que ahora presentamos (Fernando
Flores) ha visto adecuadamente el mérito del profesor de
Berkeley cuando afirma que con este Ser-en-el-mundo cuidadamente
editado estamos ante un análisis dotado de “una claridad
y una frescura que es imposible de encontrar en la apropiación
europea”. Aunque no estamos incondicionalmente de acuerdo
con la segunda parte del juicio, pues hay notables muestras de claridad
conjugada con profundidad en algunas monografías europeas,
sí que suscribimos sin reservas la primera parte, en tanto
que Dreyfus aborda con nitidez y de modo sugestivo un conjunto de
problemas que no es frecuente ver presentados de esta manera.
El autor se ha concentrado en la
Primera División (desde la temprana traducción de
Gaos en el Fondo de Cultura Económica estamos más
habituados a hablar de “Primera Sección”) de
la Primera Parte de Ser y tiempo. Tenemos delante, por
tanto, un estudio del ya clásico “Análisis fundamental
y preparatorio del Dasein”. Las razones para dejar
de lado la segunda sección –para Dreyfus mucho menos
trabajada que la primera, lo que provoca errores que llegan a impedir
“cualquier lectura coherente”- motivarían por
sí solas una larga discusión. No obstante, la Primera
Sección ofrece por sí misma un contenido filosófico
lo suficientemente rico como para servir de base a una exégesis
unitaria.
El libro puede ser leído,
como casi todos los que merecen la pena, desde múltiples
perspectivas e intereses. Uno de los más provechosos es el
ontológico-epistemológico. El tópico heideggeriano
de la comprensión del ser es presentado con acierto como
alternativa a la epistemología clásica, alimentada
y sostenida preferentemente por el esquema sujeto-objeto. Dreyfus
muestra con claridad y solvencia que ese modelo presupone lo que
llama un “trasfondo de prácticas cotidianas”
que posibilita nuestra integración en un marco social y que
no se deja describir en términos de un contenido mental que
refleje o represente un estado de cosas objetivo. La traída
y llevada compresión del ser no descansaría entonces
en una representación mental que eventualmente podría
estar en correspondencia con el mundo, sino que es un modo de ser.
Las diferentes actividades que desempeñamos, el marco socio-cultural
en el que respiramos, la tradición a la que pertenecemos
etc. Conforman en cada caso una comprensión del ser, predelineando
así una ontología no formulada explícitamente.
Al hilo de una lectura wittgensteiniana de Heidegger –algo
que Dreyfus reconoce siendo por lo demás consciente de los
riegos que este enfoque conlleva, “ser-en-el-mundo”
supondría primariamente compartir un conjunto de “prácticas
de trasfondo”. De este fondo subyacente no somos conscientes
y el surgimiento de una conciencia temática (en forma de
reflexión filosófica con pretensiones de radicalidad)
siempre lo presupone. El proyecto consiste en dar cuenta filosóficamente
de esta peculiar naturaleza suya sin echar a perder lo que en esencia
lo caracteriza o, utilizando el vocabulario del propio Heidegger,
“repetir” la movilidad fundamental de la vida sin desvitalizarla,
es el objetivo que Dreyfus despliega con toda claridad y cuyas consecuencias
e implicaciones destaca de un modo sugestivo y convincente la mayoría
de las veces.
Precisamente, el desarrollo de
una de estas consecuencias determina una línea de interpretación
novedosa con respecto a otros estudios de origen europeo. Se trata
de la excelente exposición de la potente crítica al
cognitivismo que se deriva de los planteamientos de Heidegger. Así,
éste queda conectado con rigurosa habilidad con el meollo
de un debate desarrollado preferentemente en la filosofía
anglosajona actual, posibilitando algo tan saludable y fructífero
como que una obra escrita hace más de setenta años
entré en diálogo con autores como Searle o Davidson.
Dreyfus detecta en Heidegger un antídoto eficaz contra la
convicción cognitivista de que la actividad práctica
es representacional. Que la relación de los estados mentales
con sus respectivos objetos presupone una forma básica y
primordial de estar en el mundo que no incluye necesariamente una
actividad mental se convierte en el leitmotiv de la crítica
que Heidegger dejó planteada anticipadamente a los cognitivistas.
En este sentido, su enseñanza más notable sería
que gran parte de la actividad cotidiana, de nuestro modo humano
de ser, se puede describir sin tener que recurrir a una conciencia
deliberada. La vivencia del mundo se podría esclarecer sin
tener que apelar a una separación entre lo mental y las cosas,
entre el pensamiento y la realidad cuyas relaciones se erigieron
en problema fundamental de toda la epistemología moderna
y que Dreyfus parece ver también presente en posiciones filosóficas
contemporáneas como el cognitivismo. Al mismo tiempo, la
crítica a este movimiento vía Heidegger conduce
a unas páginas ciertamente llamativas en las que se aprovecha
de un modo desacostumbrado pero efectivo al autor alemán
para poner de manifiesto las dificultades de la inteligencia artificial,
en la medida en que ésta quiere avanzar en sus propósitos
acumulando reglas que se ven privadas de ese trasfondo al que nos
hemos referido y sin el cual carecen de significación.
A nuestro juicio lo que acabamos
de exponer con concisión constituye el hilo conductor del
comentario de Dreyfus, y en definitiva, determina la perspectiva
desde la que trata sugestivamente los grandes temas de la Primera
Sección de Ser y tiempo. Al mismo tiempo, su adecuado
desarrollo se ve acompañado por el estilo novedoso que la
obra indudablemente posee.
Para acabar, algo sobre la traducción
española de la Editorial chilena Cuatro Vientos, en clara
expansión en nuestro país y a la que deseamos y auguramos
un buen futuro si sigue ofreciendo obras como esta. Los traductores
reconocen no pertenecer al gremio de los filósofos y también
se declaran desconocedores del alemán. En consecuencia, la
traducción de la mayoría de los términos depende
de la opción que el propio Dreyfus ha elegido. El resultado
es en general exitoso, proporcionando en muchos momentos una lectura
fluida, sostenida por una versión filosóficamente
rigurosa de la terminología alemana que no sorprenderá
al que sí pueda acceder al texto original. En otros, sin
embargo, las opciones elegidas son problemáticas. Como muestra,
un único botón. La Befindlichkeit se ha vertido
por “sensibilidad”, mientras que el Verstehen
aparece como “entendimiento”. Las dificultades de esta
opción son notables y en primera línea no estarían
únicamente las resonancias kantianas. En otros momentos,
los posibles obstáculos son obviados y así se deja
sin dar una alternativa al par de conceptos ya clásicos existenzial/existenziell.
Detalles como estos y algún otro aquí y allá
no han de ser árboles que impidan ver el bosque, que en este
caso es una contribución valiosa, sorprendente en ocasiones
y repleta de propuestas innovadoras que invitan al aprovechamiento
más allá de los horizontes habituales de una figura
inagotable como Heidegger.
Pablo Redondo
Sánchez
Facultad de Filosofía
Universidad de Salamanca
Ojos de Lechuza (Guía
de Reseñas), 2004
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