| Proceso
y Diálogo en Psicoterapia Gestáltica
Ensayos de terapia gestáltica
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Gary M. Yontef
prólogo de Rolando Pihan
La publicación de este libro en
español, a sólo dos años de su aparición en inglés, será un acontecimiento
importante para muchos de sus lectores, tanto terapeutas gestálticos
como clientes, e incluso para el público en general. No serán pocos
los que verán transformarse su visión de la gestalt a la luz de
los artículos en los que el autor revisa varios de los más importantes
temas de la psicoterapia gestalt.
Para muchos empezará a aclararse
lo que hace varios años viene sucediendo en las reuniones de los
gestaltistas de habla hispana y de otras lenguas, ocasiones en las
que se han dado una serie de diferencias, encuentros y desencuentros.
Algo de esto ocurrió en el penúltimo
Congreso Internacional de Gestalt, el año 1993 en Valencia, cuando
un día hubo un homenaje a Laura Perls (de italianos y franceses)
y al día siguiente otro a Fritz Perls (de españoles y argentinos)
con críticas bastante encendidas al(a) otro(a) homenajeado(a).
Hasta hace muy poco tiempo, entre
nosotros a nadie se le ocurría dudar que la gestalt fuera "lo que
hacía Fritz Perls", siguiéndose sus indicaciones casi como artículos
de fe. Hay una que establece que el argumentar, dar razones, pensar,
etc., o sea, todo uso de la razón, era perjudicial y contrario a
las buenas prácticas gestálticas. Muchos entendieron/decidieron
que la gestalt era emociones, afectos, pasiones y sentimientos,
clausuraron el intelecto y se dedicaron a provocar afectos y efectos
rápidos y espectaculares --lo que Yontef, en este libro, llama el
estilo bum-bum-bum. Sin embargo, parece que esta actitud no ha conducido
al progreso de la disciplina, ni ha permitido saber si ésta es eficaz
o no, ya que de paso también se abandonó la investigación científica
por desactualizada y "racionalista".
¿Cuál es la situación actual de
la psicoterapia gestáltica en los países hispanoparlantes? Con escasas
excepciones, ésta es una actividad mal definida, practicada por
un grupo heterogéneo de personas provenientes de distintas áreas
del saber y con distintos niveles de profesionalización, que han
recibido muy variadas formaciones o incluso ninguna y que se dedican
a efectuar intervenciones, preferentemente grupales, en personas
que buscan salud psíquica, crecimiento personal, vidas más plenas
o auténticas, o convertirse en "facilitadores" o terapeutas.
Esta situación se ha reflejado en
los últimos congresos internacionales de gestalt de habla hispana.
En ellos ha habido numerosos talleres demostrativos de diversos
temas, incluidos algunos que parecen no tener ninguna relación con
la gestalt (estados alterados de conciencia; el Eneagrama; los ángeles;
los mitos femeninos en la antigüedad; etc.) y otros que "integran"
la gestalt a otras disciplinas (gestalt y bioenergética; y lo transpersonal;
y lo sagrado; etc.). La situación ha llegado incluso a producir
más confusión que claridad acerca de qué es en realidad la psicoterapia
gestalt, cómo se sitúa en relación a otras orientaciones psicoterapéuticas
y cuál es su relación con las psicologías humanista o transpersonal.
Llama también la atención que en
estos congresos casi no se haya presentado investigación teórica
ni empírica. Tal parece que nadie está reflexionando acerca del
quehacer, todos están haciendo, y cada uno en lo suyo.
Uno de los principios básicos de
la gestalt establece que una gestalt bien formada es clara y distinta;
clara en la medida en que sus componentes se definen y articulan
con precisión; y distinta porque establece límites definidos que
la separan y diferencian de lo que no es ella, del fondo.
Al parecer, lo que se denomina
actualmente psicoterapia gestalt, o simplemente gestalt, no muestra
estas características: no tiene límites claros ni componentes definidos
y articulados coherentemente. La gestalt es "cualquier cosa que
haga alguien que se autodenomine gestaltista".
Si miramos hacia atrás, a los orígenes,
veremos que la psicoterapia gestalt nació como una técnica psicoterapéutica,
o sea, como un conjunto de técnicas de intervención que permitían
modificar el estado de enfermedad psíquica, conduciendo a la salud,
es decir, mejorando el funcionamiento o adaptación al medio. Pero
esta técnica psicoterapéutica, además de los procedimientos que
la constituían, tenía una base conceptual que la sustentaba y desde
la que éstos emergían. Esta base conceptual, que tuvo un desarrollo
paralelo al de las técnicas, consistía, y aún consiste, en un modelo
de funcionamiento psicológico que describe cómo los seres humanos
se desarrollan y adaptan más o menos creativamente a su medio, y
sugiere la forma que deberían tener las relaciones humanas en el
mundo para ser sanas y creativas.
Estos conceptos, que constituyen
el modelo gestáltico, desarrollados inicialmente por Fritz Perls,
luego por Paul Goodman y muchos otros, permitieron que la técnica
psicoterapéutica se transformara en un modelo de funcionamiento
psicológico, un modelo de funcionamiento social, una filosofía de
vida e incluso un sistema conducente al "crecimiento personal".
Del modelo de funcionamiento psicológico
sano se deriva un sistema diagnóstico de aproximación que permite
"mapear" las interferencias en el sano funcionar y un conjunto de
"técnicas" o procedimientos de intervención que, en manos de un
terapeuta gestáltico, tendrán una misión correctora de las disfunciones.
Además, si pasamos de un enfoque curativo a una actitud preventiva,
es evidente la importancia para una educación por y para la salud.
Del modelo de funcionamiento social,
que define las condiciones necesarias para que una organización
beneficie a los seres humanos que la integran, nace un sistema de
análisis de estructuras y funciones que entrega una descripción
desde la óptica del modelo y una serie de medidas aplicables a la
educación, la política, la economía, etc.
Del modelo como filosofía de vida
o como camino hacia el "crecimiento personal", se derivan múltiples
actividades prácticas aplicables a la vida diaria, a las variadas
facetas de la relación entre el individuo y su mundo.
Cada una de estas derivaciones o
áreas de aplicación del modelo es legítima, válida y más o menos
eficaz. Sin embargo, la confusión entre ellas no está exenta de
peligros.
No es lo mismo el "crecimiento personal"
que un proceso psicoterapéutico. No sucede lo mismo al aplicar las
técnicas gestálticas en una persona medianamente sana que desea
estar mejor que en un enfermo que busca dejar de sufrir.
Como proceso de "crecimiento personal",
no es inconveniente la práctica de diversos ejercicios que nacieron
como terapéuticos en un contexto terapéutico, incluso en un ambiente
sin supervisión. Pero ¿qué ocurre con las personas que padecen trastornos
de personalidad o severas perturbaciones psicológicas cuando se
someten a este mismo proceso? Es posible que ellas y quienes se
presten como facilitadores o terapeutas resulten dañados.
El autor nos muestra que existen
ciertas condiciones en los clientes, que han de ser identificadas,
que obligan al terapeuta a emplear distintas estrategias de aproximación
terapéutica, y que no es lo mismo preguntar "¿Qué sientes?" a un
paciente de personalidad narcisista o borderline que a un paciente
con una personalidad normalmente estructurada. Asimismo, el uso
reiterado de intervenciones --silla caliente incluida-- en muy variados
contextos parece no ser lo más gestáltico que pudiera desearse.
Este libro contribuye a esclarecer
estas confusiones, a eliminar fantasías, a diferenciar, a distinguir.
Esto solo ya lo hace un texto interesante y es motivo suficiente
para aplaudir su aparición en español, pero no es todo.
En estas latitudes es bastante
frecuente que se acuse a la gestalt de ser una técnica que conduce
a la "psicopatización" de sus practicantes. Esto es, se acusa a
los terapeutas de producir en los clientes una actitud que los lleva,
como consecuencia del proceso, a una relación donde el otro pierde
importancia en el horizonte relacional y todo lo que le sucede,
especialmente sus quejas en y de la relación, es "su problema".
La respuesta es argumentar que
esto sólo es una etapa del proceso, aunque algunos van más lejos
y se atreven a sugerir que es el modo sano de relación y el resultado
esperado de la curación. Sin embargo, es interesante reflexionar
sobre qué pensamos que ocurre en el proceso psicoterapéutico gestáltico
y relacionarlo con estas observaciones.
En esta perspectiva, se piensa
generalmente que el terapeuta se aproxima a su cliente sospechando
que éste sufre por su incapacidad para vivir en el presente real,
en el mundo real, en el aquí y ahora, y por ende, por su incapacidad
para satisfacer adecuadamente sus necesidades y adaptarse creativamente
a su ambiente.
Se asume también que el origen de
esta dificultad o incapacidad radica en la presencia de una serie
de asuntos inconclusos, básicamente necesidades que no fueron adecuadamente
satisfechas en su momento y que, actualmente, ejercen su influencia
desde el fondo, perturbando la aparición de las necesidades actuales
y dificultando el encuentro con el mundo real al proyectarse sobre
él.
Para mejorar esta condición, el
terapeuta pone al cliente en situación de "continuum del darse cuenta"
que se transforma rápidamente en una suerte de libre divagar de
la atención, hasta que sorpresivamente ésta es "llamada" por algún
asunto inconcluso, el que se reconoce po r su pertenencia al pasado
y por la gran carga afectiva que lleva asociada su aparición en
la conciencia.
Acto seguido, empieza la terapia.
El terapeuta pone al cliente a trabajar en la silla caliente, o
alguna de sus variantes, hasta que mediante la imaginería resuelva
o "cierre" el asunto.
¿Qué ha ocurrido realmente en este
proceso? Durante todo ese tiempo, el cliente ha estado relacionándose
consigo mismo, con sus propios recuerdos, fantasías, deseos y sentimientos,
ha ampliado su conciencia de sus propios fenómenos, pero no ha estado
en contacto con nada, dado que éste sólo ocurre a través de los
propios límites con lo que está más allá de ellos (en la frontera/contacto).
El terapeuta, por otro lado, sólo ha sido un observador-director
del evento.
Visto así, no es de extrañar que
si todos los eventos y fenómenos que el cliente desarrolló ocurrieron
dentro de sus límites (por dentro de la frontera/contacto y no a
través de ella), el otro, como polo relacional, paulatinamente pierda
presencia y desaparezca, reforzando la esencia misma de la enfermedad,
la poca claridad del mundo real y presente, su progresiva desaparición.
Si aceptamos que la única experiencia
real, capaz de modificarnos, es la que ocurre en el encuentro con
lo que no somos nosotros, podríamos concluir que en este proceso
no está ocurriendo nada muy real.
Sin embargo, si pensamos que lo
que fundamentalmente ocurre en el proceso psicoterapéutico es el
"encuentro" entre un terapeuta, que se ofrece como alguien real
y presente, capaz de ver al cliente como la persona que es frente
a él y cuyo problema es su incapacidad para relacionarse con él
de manera real en ese presente, entonces, para este modelo, la aparición
de los asuntos inconclusos no sólo no es deseada ni buscada, sino
que es vista como el resultado y la actuación del mal funcionamiento
del cliente. De este "encuentro" terapeuta/cliente, ambos emergerán
cambiados, cada uno más plenamente "yo" para sí mismo y más plenamente
"tú" para el otro.
Este terapeuta tratará de mostrar
al cliente, en la interacción con él, en ese presente y lugar en
que se están relacionando, cómo en base a estos asuntos inconclusos
se impide el encuentro con él. Como último recurso, ofrecerá al
cliente la posibilidad de presentificar y actuar sus fantasías para
que así, una vez efectuada la integración o la catarsis, pueda estar
disponible para el encuentro.
Este último modelo, dialógico en
la plenitud del término, que completa y amplía el anterior, en el
que el respeto al paciente y al terapeuta aparece como un fenómeno
básico esencial, es el que nos muestra Yontef en este libro, y a
través de él, nos indica muchas direcciones nuevas y excitantes.
Así se nos hace evidente que los terapeutas deben disponer de: un
claro marco de referencias conceptuales, un sistema diagnóstico
que permita reconocer pautas y procesos del cliente, y suficiente
entrenamiento en las técnicas de intervención. Caso contrario, la
terapia se transforma en una intervención azarosa y con real peligro
para ambos involucrados.
También podemos entender el desarrollo
que ha tenido la gestalt hispanoparlante al observarlo desde la
perspectiva de un fenómeno histórico. Quienes pusieron la gestalt
a disposición de este público, bebieron directamente de las fuentes
en la Costa Oeste de Estados Unidos. Específicamente de Fritz Perls
en sus últimos años en Esalen.
Lo que ocurrió y siguió ocurriendo
en la Costa Este está recién llegando a nosotros ahora, y después
de tantos años, es quizás lo más fecundo que está asimilando nuestra
disciplina.
Es posible que se generen conflictos
de enfoques e intereses, pero es la misma gestalt la que nos dice
que sólo el conflicto es la fuente del verdadero desarrollo.
Rolando Pihan Vyhmeister
Ciudad Universitaria, Concepción
Primavera 1995
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