.................................


nota del autor

comente este libro

Colección Terapia Gestalt

 

   

El Tesoro Escondido
La Vida Interior de Niños y Adolescentes
Terapia Infanto-juvenil

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Violet Oaklander

 

EL TESORO ESCONDIDO es una continuación de Ventanas a Nuestros Niños. Consiste en una compilación de trabajos que la Dra. Violet Oaklander ha desarrollado desde 1978. Este libro destila la vasta experiencia de Oaklander en el trabajo con niños y adolescentes. Se presenta un enfoque basado en la Terapia Gestalt que ofrece un método eficaz para el trabajo psicoterapéutico en terapia individual, familiar y grupal. El foco está centrado en la relación entre el terapeuta y el cliente, antes que en la observación y la interpretación. Los numerosos ejemplos prácticos ilustran la aplicación de los principios gestálticos a la creación de relaciones terapéuticas que permitan a los niños aumentar su conciencia y descubrimiento de su verdadero sí mismo interno, expresar sus sentimientos más íntimos, mejorar su autoestima y, en general, estimular el crecimiento emocional. Oaklander utiliza en su trabajo una gran variedad de técnicas creativas, expresivas y proyectivas, y cada capítulo refleja y ejemplifica el uso de este trabajo al servicio de la terapia.

Este inspirador libro interesará a psicoterapeutas infanto-juveniles, psicólogos, trabajadores sociales, orientadores, profesores y estudiantes universitarios. También les será de utilidad a los padres y otros adultos interesados en los niños. Y, específicamente, es muy posible que se transforme en un texto esencial para todos los terapeutas de juego y quienes estén estudiando este tipo de terapia.

El primer tema abordado en el libro es por qué los niños llegan a terapia. Según Violet Oaklander, la mayoría de los niños que ha atendido a través de los años han tenido dos problemas básicos: les cuesta establecer un buen contacto con profesores, padres, pares y libros, y generalmente tienen un pobre sentido de sí mismos. Para hacer un buen contacto con el mundo, necesitan conocer las funciones de contacto: mirar, escuchar, tocar, saborear, oler, moverse, expresar sentimientos, ideas, pensamientos, curiosidades, etc. Los niños con trastornos emocionales, debido a algún trauma u otra razón, tienden a aislarse, anestesian sus sensaciones, restringen su cuerpo, bloquean sus emociones y cierran su mente, actos que afectan profundamente su crecimiento sano y agravan más sus problemas. El terapeuta debe ayudar al niño a recuperar las partes faltantes de sí mismo. Para esto usa una serie de técnicas expresivas y creativas, que son potentes proyecciones y proveen un puente a la vida interior del niño; le ayudan a expresar emociones sepultadas donde no bastan las palabras; le brindan experiencias para que se familiarice con aquellas partes perdidas de sí mismo y le ofrecen oportunidades para nuevas y sanas formas de ser, y, por último pero no menos importante, son entretenidas.

El segundo capítulo trata sobre el proceso terapéutico con niños y adolescentes. En su trabajo, Violet Oaklander ha observado lo que parece ser una progresión natural que llama “el proceso terapéutico”. Desde cierta perspectiva, puede parecer como si poco o nada estuviese pasando, que sólo están jugando, cuando en realidad es un proceso muy definido, una secuencia, si se quiere, en el encuentro terapéutico con los niños. A pesar de que la palabra secuencia implica una progresión de una cosa a otra, este proceso no siempre es lineal, aunque la relación sea la primera en venir. No obstante, con los subsiguientes aspectos del proceso terapéutico, Oaklander tiende a ir para adelante y para atrás mientras evalúa las necesidades del niño. Una de sus metas en el proceso terapéutico es dar a los niños una sensación de fortaleza, una sensación de su propio poder. Esto se logra con actividades para aumentar el autoapoyo, expresar sentimientos, sentir su agresividad en formas positivas y aceptables. Cuando los niños empiezan a experimentar un sentido de sí mismos y algo de su propio poder, esto por sí solo es nutritivo para el yo. A su vez, al aprender las técnicas y herramientas para cuidarse, tener consideración, respeto y aprecio por el yo, saber cómo nutrirlo activamente, los niños adquieren la vitalidad para crecer alegremente y enfrentar con plena capacidad cada tarea de desarrollo.

En el tercer capítulo, Oaklander presenta una visión de la tarea de fortalecimiento del sí mismo que ha sido exitosa en su trabajo con niños de toda edad. Este modelo no es necesariamente lineal: actividades y experiencias se presentan como determinadas a través de la observación y su interacción con el niño. Ella comienza brindándole al niño experiencias que estimulen e intensifiquen el uso de los sentidos, un paso importante hacia el empoderamiento del yo, lo cual le da una nueva conciencia de sus propios sentidos. En muchas de las actividades descritas, comenzando por las de estimular e intensificar los sentidos, etc., la experiencia brindada al niño es invaluable. El vivenciar una parte de uno que ha estado escondida o inactiva, da al niño un nuevo sentido del yo. En la medida que el yo se fortalece, el niño puede enfrentarse con emociones dolorosas.

El cuarto capítulo se centra en la ira y cómo se relaciona con el yo; cómo los niños manifiestan esta emoción y qué dificultades se generan con ello; los pasos del proceso terapéutico para trabajar con la ira; y las técnicas para ayudar a los niños a expresarla de un modo sano. También se dan ejemplos a través del trabajo específico con la ira en niños pequeños, adolescentes y familias. La ira es la emoción más malentendida de todas y tiene mala reputación. Los niños aprenden, desde temprana edad, que la ira es peligrosa, de modo que no aprenden maneras sanas y apropiadas de expresar esta normal emoción humana. La ira es el motivo que lleva a terapia a muchas familias. El trabajo con la ira se parece a una espiral. En la medida en que el niño se siente seguro, con fuerza interior, a través de actividades que estimulan y fortalecen los sentidos, el cuerpo y el yo, él puede expresar su rabia. Entonces aparece la resistencia, ya que no tolera abrirse más. Se prosigue el trabajo dándole oportunidades para adquirir más fortaleza interna y expresarse más. Este proceso continúa hasta que el niño logra suficiente integración y fuerza como para mantener mayores niveles de expresión. La espiral sigue ascendiendo hasta que el organismo del niño asume su curso natural y desarrolla una autorregulación sana.

El quinto capítulo se enfoca en el trabajo con adolescentes. Oaklander presenta técnicas y ejemplos de casos que le han servido en su trabajo con este grupo etario. Los adolescentes no son una misteriosa raza de humanos. Están atravesando por un proceso de desarrollo normal y necesario. Cada uno es un individuo con necesidades especiales. Su principal tarea de desarrollo es individuarse y descubrir su propia identidad; debe separarse de su familia y enfrentar un futuro amenazante. Esta tarea, que en realidad comienza en la infancia, se vuelve fundamental en la adolescencia. Al saber qué está ocurriendo y tener una idea de lo que necesita hacer, el terapeuta se pregunta: ¿cómo lo puede hacer?, ¿cómo ayuda al adolescente a superar su resistencia a encontrarse a sí mismo y sus fronteras del yo, para que pueda llevar una vida sana, productiva, buena, en esta sociedad tan estresante y conflictiva?

El sexto capítulo trata sobre las pérdidas y el duelo. La Terapia Gestalt es una disciplina ideal para trabajar con niños apenados por un duelo o una pérdida dolorosa, ya que es direccional y focalizadora. Si el niño que ha sufrido una pérdida es relativamente equilibrado, la terapia puede ser bastante breve. En situaciones de mayor duración, las sesiones se transforman en una especie de danza: a veces conduce el niño y otras, el terapeuta. En el trabajo breve, por lo general el terapeuta se convierte en el conductor. Debe evaluar qué va a satisfacer mejor las necesidades terapéuticas del niño, a fin de brindar la mejor experiencia posible en las sesiones, considerando el nivel de desarrollo, capacidad, receptividad y nivel de resistencia del niño. El terapeuta no debe ser autoritario ni traspasar los límites del niño; debe ser cauteloso y no tener expectativas. Los niños no saben cómo vivir el duelo y sus sentimientos los suelen confundir. Las metáforas surgidas de las técnicas proyectivas ofrecen una distancia segura a los niños y permiten que el terapeuta los ayude suavemente a reconocer los sentimientos adecuados. Mediante esta aceptación, el niño puede atravesar el proceso de duelo.

El séptimo capítulo es sobre ayudar a niños y adolescentes a ser cuidadosos consigo mismos. Oaklander descubrió que, independientemente del buen trabajo que hiciera con sus clientes, algo faltaba: ayudarlos a cuidar el yo. A pesar de fortalecer el sí mismo, de completar asuntos inconclusos, expresar sentimientos bloqueados, en particular la rabia, la persona seguía con una especie de vacío. El autocuidado llena ese vacío. También hay otras formas de ayudar a los niños a aprender a cuidarse de maneras amorosas y sanadoras. El permitir que el yo vivencie y exprese sentimientos como la rabia y la tristeza es en sí nutritivo. En las sesiones, los niños aprenden modos seguros y adecuados de hacer esto. También encuentran formas de brindarse apoyo cuando lo necesitan. Los ejercicios de respiración, relajación y centrarse son herramientas importantes para el autocuidado. Los niños aprenden y se apropian de estos ejercicios para usarlos cuando sientan que los necesitan. El volverse cuidadosos consigo mismos también les permite desarrollar una actitud cariñosa y bondadosa hacia los demás.

En el octavo capítulo se aborda el tema de trabajar con niños pequeños. Lo que les sucede determina en gran medida cómo serán en el futuro, pues en esos primeros años el niño toma la determinación de cómo ser en el mundo para satisfacer mejor sus necesidades. En esos primeros años absorbe numerosos mensajes acerca de sí mismo: cree todo lo que escucha sobre sí mismo, ya que no tiene la capacidad cognitiva para desechar lo que es falso y no le calza. Acarrea emocionalmente estos mensajes a lo largo de toda su vida, aunque más adelante sepa cognitivamente que son incorrectos. Para iniciar el encuentro terapéutico, cliente y terapeuta empiezan con la relación. Un componente fundamental para establecer una relación Yo/Tú es recibir al cliente en el punto en que está, con honor y respeto. Comprender el desarrollo natural de los niños facilita este proceso. Sin embargo, jamás se debe subestimar lo que un niño pequeño es capaz de hacer y responder en el encuentro terapéutico.

El noveno capítulo se centra en el trabajo con grupos, el cual constituye una eficaz y gratificante manera de trabajar con niños. El grupo se presta para desarrollar destrezas sociales, un sentido de pertenencia y aceptación, para expresar sentimientos hasta ese momento inexpresados y para experimentar con nuevas conductas. El gozo y el cuidado que los niños sienten en un grupo sirven de impulso para explorar lugares dolorosos. A medida que los niños se sienten libres para revelar sus emociones, pensamientos, opiniones e ideas, saben que el terapeuta y los otros niños les brindarán su apoyo y se conectarán con ellos. Así, cada niño hace descubrimientos sobre su identidad que lo llevan a tener más seguridad en sí mismo y un mayor contacto sano dentro y fuera del grupo.

En el décimo capítulo se analiza el tratamiento de niños con síntomas de trastorno por déficit atencional hiperactivo (TDAH). Se ha escrito y hablado muy poco acerca del tratamiento, aparte de la medicación y el manejo de la conducta. Aunque frecuentemente se prescriben fármacos, no hay ningún test definitivo para este trastorno, que se diagnostica en base a una serie de conductas. Desde la perspectiva de la Terapia Gestalt, Oaklander ve este trastorno como un problema del límite de contacto, es decir, una incapacidad para mantener contacto con alguien o algo, además de un daño en el sentido del sí mismo. El YO debe estar intacto para una interacción sana con el ambiente. Esta visión tiene grandes repercusiones en el tratamiento. Si un niño posee un sentido de sí mismo dañado, se puede hacer mucho para ayudarlo a renovar, recuperar y fortalecer su yo. Para Oaklander, el tratamiento de niños diagnosticados con TDAH no difiere mucho del tratamiento de cualquier otro niño que va a terapia. El proceso terapéutico es algo natural al desarrollo de cada niño. El terapeuta solamente adapta este proceso a las necesidades del niño, teniendo en cuenta su singularidad y experiencias vitales particulares. Todo niño tiene el derecho inherente a desarrollar, fortalecer y expresar cada aspecto de su organismo: el cuerpo, los sentidos, las emociones y el intelecto. En la medida en que el niño empiece a conocerse y sea capaz de conectarse con su mundo de maneras satisfactorias y sanas, su camino de vida y crecimiento será un camino gozoso.

El último capítulo aborda una forma innovadora de usar la música en terapia. Aquí Oaklander describe algunas de las experiencias que tuvo con niños, los distintos formatos que usó y, lo más importante, los efectos terapéuticos. Las experiencias del proceso musical enriquecen y fortalecen el yo y las funciones de contacto. El niño vivencia una sensación de maestría. A veces la música es el catalizador que le permite al niño expresar sus emociones. Otras veces es el apoyo que le brindan las experiencias con la música. La música es un vehículo para una expresión segura. La experiencia musical es una experiencia nutritiva. El deleite del niño es inconfundible. La experiencia musical puede utilizarse como un vehículo para comunicarse con el niñito interno y nutrirlo.

La Dra. Violet Oaklander finaliza el libro con las siguientes palabras: “Cuando realizo mi programa formativo anual de dos semanas, pongo énfasis en que no quiero que las personas me imiten, sino que encuentren su propia forma de utilizar lo que aprenden ahí. Hemos tenido muchas discusiones fascinantes sobre este tema. Al descubrir su propio estilo, ustedes se abren a increíbles posibilidades creativas y se liberan de convertirse en terapeutas vitales. Así es que espero que tomen toda la información que les parezca útil en este libro y permitan que se asimile en el maravilloso ser que ustedes ya son”.

 

 

título original:
Hidden Treasure
traducción de
Larisa Boroday y Francisco Huneeus
1a edición, 2008
14,5 x 22 cm., 252 págs.
encuadernación rústica
Editorial Cuatro Vientos
ISBN: 956-242-108-2

 

 

Precio: US$ 20,64


 

    Editorial Cuatro Vientos
Maturana 19, Santiago Centro, Chile. Teléfonos: (56 2) 672 9226 - 695 4477 fax: (56 2) 673 2153
correo-e:
  editorial@cuatrovientos.cl