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Colección Psicología
jungiana

   

La Experiencia Jungiana
Análisis e individuación
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James Hall

P R E F A C I O

Una Declaración Personal
Todas las declaraciones psicológicas son personales. No se puede hablar de una verdad psicológica sin hacer simultáneamente una confesión. Vemos aquello que nuestra visión personal nos permite ver, la cual es siempre hasta cierto punto únicamente nuestra. Sin embargo, en la experiencia de la vida (o en la vida acelerada por el análisis) encontramos una y otra vez que la comprensión y el dolor que consideramos propios, únicos y personales son en realidad universales, la experiencia compartida de la humanidad. Podemos perder nuestra individualidad externa en las mareas y corrientes de la vida colectiva, pero también podemos abandonarnos al inconsciente interior, aceptando ingenuamente cualquier voz ajena que nos llegue desde la parte oculta de la mente y considerarla nuestra psique personal.

En medio de este dilema entre el mundo interno y externo, cualquiera de los cuales puede consumirnos si no estamos atentos, se desarrolla el delicado pero fundamental proceso de individuación. La pequeña y estadísticamente insignificante psique individual humana es la única portadora de toda la sanidad y locura del mundo externo, así como la única salida consciente para el vasto mundo interior de los arquetipos, la experiencia humana refinada de nuestra vida en este planeta.

C.G. Jung da una visión de la situación humana en la cual aprecia esta posición única y valiosa del ser humano individual.

En una de sus visiones intuitivas, Jung sintió que los muertos esperaban con ansias noticias de cualquier ser humano, incluso de la persona más insignificante del mundo, pues sólo en el difícil ámbito de la vida humana se logran las decisiones e introvisiones1. Quizás los muertos existen en un mundo arquetípico atemporal, donde no es posible aprender nuevas verdades debido a la falta de separación de los acontecimientos en el tiempo y el espacio. En esta intuición, Jung se aproxima a la visión budista, en la cual es mejor nacer en el mundo humano que en el de los dioses, ya que éstos son tan poderosos y viven durante tanto tiempo que les es difícil captar algo que los humanos aprenden con facilidad: la naturaleza transitoria de todas las cosas creadas.

Las intuiciones de Jung cubren un período que abarca desde una rigurosa observación científica del experimento de asociación de palabras con que comenzó su carrera, hasta las maduras especulaciones místicas de sus últimos años -reflejadas en su autobiografía en los capítulos sobre tópicos tales como la vida después de la muerte física.

El amplio panorama de los pensamientos de Jung abarca aspectos clínicos de tratamiento, desarrollo religioso personal e interrogantes científicas sobre la naturaleza de la materia, la mente y la causalidad. Es muy complejo involucrarse enteramente dentro del área del tratamiento clínico. La experiencia del modelo jungiano de la psique involucra el análisis en el sentido clínico corriente, más experiencia de vida y reflexiones religiosas y filosóficas en torno a tal experiencia. De ahí que el subtítulo de este libro sea análisis e individuación. Ni el análisis solo, ni la individuación sin los aspectos reflexivos de un trabajo consciente en uno mismo, constituyen la experiencia jungiana. Este amplio panorama de la teoría jungiana fue lo primero que me atrajo al estudio de la psicología jungiana, y esta primera atracción jamás ha disminuido. He descubierto que las introvisiones de otros son de gran valor, pero siempre es posible encontrarles un lugar dentro de la estructura jungiana. Sin embargo, lo contrario nunca ha sido posible: no podría encajar la amplitud y profundidad del pensamiento jungiano en un receptáculo más constreñido.

Me convertí en analista jungiano después de muchas vueltas. Primero quise ser arquitecto, inspirado por experiencias en la empresa constructora de mi padre en Texas. Pero las tensiones emocionales me desviaron hacia la medicina, sintiendo que allí podría reconciliar mis fuertes sentimientos religiosos con la aparente inevitabilidad de enrolarme en el servicio militar durante la guerra. Después de un año de estudios pre-médicos volví a cambiar de rumbo, ingresando a la Escuela de Artes y Ciencias de la Universidad de Texas en Austin. La mayor parte de mis estudios de pregrado se relacionaban con la escritura, y me gradué sin un campo específico. Un año en la carrera de inglés (en realidad estudiando periodismo y editando Ranger, la revista humorística de la escuela) me indujo a considerar la obtención de un doctorado en inglés y a seguir la carrera de profesor. Estos planes desembocaron en un período de depresión, durante el cual la dirección total de mi vida me parecía incierta. Al mirar atrás veo que fue la huida del puer aeternus (el eterno adolescente) cuando me vi enfrentado a las realidades de un mundo real2.

Regresé a los estudios pre-médicos y un año después ingresé al Southwestern Medical School, dependiente de la Universidad de Texas. Siguieron varios años durante los cuales completé los estudios médicos y el internado, tres años de psiquiatría como médico residente en Duke y Southwestern, seguidos por una breve práctica de trece meses antes de ser reclutado como médico para la guerra de Vietnam.

Dos años en el ejército me forzaron a desarrollar partes asertivas de mi personalidad que habían yacido dormidas a la sombra del puer. También me permitieron estudiar, estar más con mi familia y rendir los exámenes de psiquiatría.

Una extraña experiencia la noche anterior a mis exámenes de psiquiatría, me convenció de la realidad del inconsciente y de la importancia de los sueños. Aunque no recuerdo haber soñado esa noche, estoy seguro que fue un sueño no recordado lo que restauró mi equilibrio psíquico justo antes de los exámenes. Durante seis meses había estado estudiando, a menudo con otros psiquiatras y con uno de los neurólogos destacados en Fort Gordon. El neurólogo y yo viajamos juntos en automóvil desde Augusta, Georgia, a Nueva York, revisando nuestras notas durante el camino. La noche antes del examen, comimos en un restaurant chino que estaba frente a nuestro hotel. Recuerdo que él comió calamares en su tinta -y el oscuro color de ese guiso no podía haber sido más oscuro que el de mi ánimo. Me sentía totalmente inadecuado a pesar de la buena preparación, y estaba convencido que sería reprobado. Mis últimos pensamientos antes de dormirme, alrededor de la medianoche, fueron acerca de lo que diría al regresar a Augusta después de haber fracasado.

Cuando desperté, aun antes de abrir los ojos, percibí un completo cambio en mi estado mental. No sólo no sentía angustia, sino que parecía tener una sensación de confianza y certeza de que todo saldría bien. Abrí los ojos y miré mi reloj. Eran más de las dos de la mañana. No recordaba ningún sueño, pero sentía como si hubiera soñado algo profundo. Fue fácil retomar un sueño reparador y desperté con el mismo ánimo confiado.

Los exámenes se desarrollaron plácidamente, y hasta puedo decir que fue una experiencia placentera. Me di cuenta que lo que había sucedido durante la noche era lo que Jung llamaba enantiodromia, término que él había tomado del filósofo griego Heráclito. Enantiodromia es el principio según el cual los opuestos, en sus extremos, tienden a convertirse en el otro3.

Una de las representaciones más gráficas del principio de enantiodromia es el símbolo taoísta de las fuerzas yang (masculina) y yin (femenina) que se combinan en un símbolo de totalidad, el t'ai chi tu, representado por dos "peces" -uno negro con un "ojo" blanco y uno blanco con un "ojo" negro. Años más tarde, logré apreciar profundamente el concepto de enantiodromia, el cual está involucrado en la unificación psicológica de los opuestos. La tensión entre los opuestos en la psique humana individual es parte de la naturaleza básica de la mente, pero representada en forma inconsciente -en especial con proyecciones hacia otras personas de características opuestas a uno mismo o de nuestra sombra- puede conducir a grandes tragedias humanas. Cuando la tensión de los opuestos es constelada en grandes grupos políticos, o entre naciones, puede llevar a increíbles sufrimientos y desórdenes.

A través de experiencias personales como éstas, el modelo teórico del análisis jungiano fue colmado de profundidad y significado. Aun cuando la lectura del libro de Jolande Jacobi Complex/Archetype/Symbol me había fascinado, la posterior lectura de Jung me resultó de algún modo confusa. Podía sentirme atraído por las hondas implicaciones de sus escritos, pero era incapaz de enlazarlas con mi experiencia clínica y personal de cada día. En un momento, esto se convirtió en un problema tal que me era imposible leer más de unas pocas páginas de la obra de Jung sin atascarme en la brecha entre su significado profundo y el mundo cotidiano.

Una vez más, el propio inconsciente me abrió un camino para este dilema. Justo antes de entrar al servicio médico del ejército, tuve una visión espontánea de Jung como cohete lanzado al espacio mediante la expulsión de una enorme cantidad de materia -formada por mierda pura, para no andarnos con rodeos, y a la vez por todos los libros que él había escrito. Esta visión fue tanto liberadora como inquietante, especialmente porque sabía que debía discutirla de inmediato con mi analista, Rivkah Kluger, quien había trabajado muy estrechamente con Jung. Temía que ella me rechazara o considerara que la visión mostraba simplemente mi resistencia al pensamiento jungiano. Sin embargo, lo interpretó de la misma forma que yo: las obras de Jung eran, para él mismo, un medio de propulsión de su notable viaje de individuación personal. Pero, desde otro punto de vista, eran sólo excrementos sin valor.

Pero el excremento, la mierda, tiene otro significado en alquimia, antepasado esotérico de la química moderna (que Jung se vio impulsado a estudiar a raíz de una serie de sueños, descubriendo así al precursor histórico de su psicología analítica). La sustancia alquímica más valiosa era la Piedra Filosofal, llamada a veces el elixir de la vida. Tenía la notable capacidad de transformar los metales comunes en oro o curar cualquier enfermedad (aunque si se tomaba con una actitud equivocada podía también ser un veneno mortal). En términos psicológicos, la Piedra Filosofal, o lapis, sería el Sí Mismo arquetípico, el centro regulador de la psique. Si el ego puede realmente contactar al Sí Mismo, es de inmediato una experiencia sanadora para el ego, pero también una derrota, ya que el ego se da cuenta que es sólo una parte de la psique, no su verdadero centro. La experiencia del Sí Mismo es un antídoto de moderación para la inflación psíquica4.

¿Y con qué material empezó el alquimista a intentar producir el lapis, la cosa de más excelso valor? Una de las descripciones metafóricas del material inicial, la prima materia, es ¡el excremento o mierda! Esta prima materia se encuentra en todas partes, es despreciada o considerada sin ningún valor, indigna -llamada a veces "huérfana" porque no pertenece a ninguna persona o familia, desconectada del mundo diario de los valores sociales. En lenguaje psicológico, la prima materia es nuestra experiencia corriente y cotidiana. En la persona neurótica que está considerando el análisis jungiano, los altibajos de la vida diaria son con frecuencia despreciados, aunque constituyen precisamente el material a través del cual, con el trabajo psicológico adecuado, podemos aproximarnos al lapis, al Sí Mismo, a la experiencia más valiosa.

Entonces, mi visión sugería que las obras de Jung eran una rica fuente de esta prima materia, desde la cual uno podía encontrar la vía hacia el Sí Mismo. Pero sus Collected Works no contenían ninguna panacea preparada; eran sólo el lugar para comenzar. Por lo tanto, esta visión corrigió mi tendencia puer a buscar la figura del padre cuyas introvisiones podían entregar todas las respuestas, y al mismo tiempo me situó honestamente frente al sendero necesario para trabajar con mi propia prima materia, hacia mi propia experiencia potencial del lapis.

Mientras trabajaba con la misma analista jungiana, tuve otro sueño que puso la obra de Jung en perspectiva. En este sueño, mi analista estaba guisando en su cocina, mientras yo y uno de los nietos de Jung (a quien había conocido cuando él trabajaba en Dallas) esperábamos para probar la comida. Sobre el mesón entre la cocina y la pieza en que estábamos había un estuche de seis cuchillos para carne (que me recordaron unos que tenía mi padre). ¡Súbitamente uno de los cuchillos crujió con un fuerte ruido de metal quebrado! Al tomar el cuchillo roto se convirtió en la "espada de Jung", la cual era tan grande que aun poniéndome en puntillas no conseguía que su extremo no tocara el piso. Justo bajo la empuñadura con que la sostenía, faltaba un trozo de metal de la hoja. El nieto de Jung comentó: "¡Es una lástima que los guardias no nos permitan repararla!".

Asocié el cuchillo quebrado con una experiencia del propio Jung, en la cual un cuchillo de pan se rompía dentro de un cajón5. Fue uno de los sucesos parapsicológicos que llevaron a Jung al concepto de la sincronicidad, el extraño paralelo de significado entre un evento interior subjetivo y un evento exterior objetivo, que será comentado más adelante en el capítulo 9. Ya que el sueño hacía un paralelo con esta importante experiencia de Jung, lo interpreté como que en realidad yo tenía una verdadera conexión con el alma y espíritu de la obra de Jung.

Sin embargo, durante años me preocupó la frase "¡Es una lástima que los guardias no nos permitan repararla!". Sólo en los últimos dos años he tenido la sensación de lo que realmente podría significar. ¡El único defecto de la psicología jungiana, como se presenta con frecuencia, es que se le da un enfoque demasiado simbólico! Si se pone excesivo énfasis en un modo de comprensión simbólico, se puede perder la verdadera meta del análisis jungiano -la meta del lapis, que está dentro del mundo y que no obstante es capaz de transformar el mundo.

Este enfoque demasiado simbólico del análisis jungiano se ha evidenciado en al menos una escuela de pensamiento jungiano, la llamada "psicología arquetípica". En este enfoque, el ego es despreciado, el Sí Mismo es considerado "monoteísta" y el énfasis está en "profundizar" la experiencia separada del "mundo diurno" de la conciencia y adentrarla en el "submundo" de las formas arquetípicas simbólicas6. Para mí, ésta es una desviación poco afortunada de la dirección de la obra de Jung. El propio Jung enfatizaba que el ego es una parte indispensable del proceso de individuación; el ego no sólo debe vivenciar el inconsciente, sino que debe adoptar una actitud hacia él. Sin el ego, el inconsciente queda desamparado para autorrealizarse en forma eficaz dentro del mundo, lo cual es la esencia del proceso de individuación.

Por lo tanto, una de las razones para escribir este libro es guiar a la persona que busca análisis jungiano hacia la tradición clásica del análisis, donde la meta obvia es la individuación. La visión de Jung es tan vasta que pasarán décadas antes de que se comprendan todas sus implicancias. Edward Edinger puede estar en lo cierto cuando llama a Jung el hombre trascendental de la próxima fase de la historia humana, el precursor y modelo de una nueva forma de vivir7. Este libro intenta corregir algunos conceptos errados muy corrientes y dar a la persona que está considerando entrar en análisis jungiano un punto de partida que realce la experiencia real. Además, el lector puede obtener una idea básica de lo que se puede lograr en análisis.

Trabajar con la sombra, ese "oscuro" alter ego que de alguna forma es equivalente al "id" de Freud, constituye gran parte del trabajo corriente de la psicoterapia y el análisis. Aun cuando la sombra parece inaceptable a nuestra actual imagen del ego, a menudo contiene cualidades positivas no reconocidas que son necesarias para avanzar en la individuación. Uno de mis amigos en Zurich, con el cual estudiaba para el examen propedéutico (examen teórico a mitad del entrenamiento), comentó en forma pensativa que originalmente había entrado a análisis jungiano porque había escuchado que el inconsciente era un tesoro de joyas. Golpeando la mesa, exclamó: "¡Y yo quiero mi tesoro de joyas!" -agregando que todavía tenía que lidiar con problemas de la sombra y con los complejos residuales de sus traumas infantiles.

Otro analista contó haber saltado sobre la reja en las ruinas de Epidauro en Grecia, el antiguo santuario sanador de Esculapio, el dios griego de la medicina, e "incubar" (la expresión clásica de dormir en la sagrada cámara Thalmos del templo) a fin de obtener un sueño sanador. Todo lo que obtuvo, comentó con desagrado, fueron más sueños de la sombra.

Muchos años después, uno de mis pacientes soñó que tenía un cofre de joyas en el sótano de su casa, pero en el sueño se daba cuenta de que aunque podía bajar a verlas, no le era permitido traerlas al mundo cotidiano: eran un gran tesoro, pero sin "valor comercial". Cerrar la brecha entre los tesoros potenciales del mundo arquetípico y el mundo del ego consciente es una forma de caracterizar el proceso de individuación, realizando (hasta donde sea posible en la vida empírica) las potencialidades individuales únicas de nuestra propia psique.

Además de aquellos lectores que se interesan en el análisis jungiano, este volumen pretende ayudar a los terapeutas de otras tendencias teóricas a comprender mejor la aplicación clínica del enfoque jungiano clásico. Muchos de los principios se pueden usar en una práctica ecléctica de psicoterapia, incluso sin un entrenamiento jungiano formal. Con ese fin, he hecho un esfuerzo especial para ilustrar los puntos teóricos con ejemplos clínicos claros. La trama conjunta de teoría y práctica es esencial para eludir la trampa del simbolismo excesivo a que invita el enfoque jungiano.

En su aplicación, la teoría jungiana ofrece una de las más prácticas y aterrizadas aproximaciones a la psique humana en todo el campo del pensamiento psicoterapéutico, pero la literatura jungiana por lo general no demuestra claramente cómo llevar a la práctica sus conceptos. Mientras es innegablemente difícil hacerlo sin la experiencia de un análisis personal, sin embargo es posible absorber el auténtico espíritu de la obra de Jung a través del material escrito de naturaleza más clínicamente descriptiva. Muchos de los títulos de esta serie de Inner City Books, y el periódico jungiano Chiron recientemente aparecido, tienen esta meta. Un libro con intenciones similares, aunque escrito desde el punto de vista de la psicología humanística, es Fully Alive, el cual incluye una serie de ejercicios prácticos8.

Un tercer grupo de lectores que pueden encontrar valioso este libro son los que ya están involucrados en análisis jungiano, sea como pacientes o analistas jungianos. En su concepción original, este volumen iba a ser una exposición de la psicopatología desde un punto de vista jungiano, un correctivo al fuerte énfasis en el diagnóstico de síndromes en la actual práctica de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense (como se presenta en el Diagnostic and Statistical Manual III, que está previsto para revisión en los próximos años). Este debate sigue siendo necesario, pero hay que esperar que se clarifiquen algunas de las diversas tendencias dentro de la misma psicología analítica, como lo señala Andrew Samuels en Jung and the Post-Jungians9.

Para terminar, espero sinceramente que este libro acerque la experiencia jungiana, tanto con respecto al análisis como a la individuación, a muchas personas que están buscándola. El espíritu y el alma de la psicología jungiana podrían verdaderamente existir en sus vidas y experiencias futuras.

 

   
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