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Psicología
jungiana |
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PHALLOS
Símbolo sagrado de la masculinidad
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Eugene Monick
P R E F A C I O
Los hombres necesitan comprender
mejor los soportes sicológicos de su género y su sexualidad. Se
podría pensar que en una sociedad patriarcal los varones comprenden
natural y espontáneamente la base de la identidad masculina. Por
lo general, no es así. Para muchos hombres, el predominio de lo
masculino se da por sentado, así de familiar es su experiencia de
un status superior. Pero para un número creciente, la masculinidad
es tan enigmática como la feminidad. Estos hombres no hacen suposiciones
fácilmente acerca de sí mismos y su conducta y lugar en la vida.
Sienten que algo falta en su situación sicológica, y para corregirlo
acuden a terapia. Lo que a menudo se les da son definiciones de
masculinidad que sólo se refieren indirectamente a la disyunción
que sienten en su vida. Estos hombres son masculinos, pero están
fuera del alcance del patriarcado. Incluso los hombres que se saben
seguros dentro del sistema patriarcal, comprenden que algo anda
mal, que el antiguo orden está llegando a su fin.
Hay falta de literatura jungiana contemporánea acerca de los problemas
masculinos en general, y casi nada, desde The Origins and History
of Consciousness de Erich Neumann, sobre la base arquetípica de
la masculinidad. Sospecho que esta laguna es resultado del predominio
de las actitudes patriarcales en el sicoanálisis, incluyendo la
sicología analítica de Jung. Uno no escribe sobre lo que parece
ser obvio. El problema es que las actitudes y valores patriarcales
ya no son obviamente verdaderos. A menos que la masculinidad se
diferencie del patriarcado, ambos se irán juntos por el desagüe.
Escribir sobre la masculinidad arquetípica significa concentrarse
en el falo, el pene erecto, el emblema y estandarte de la virilidad.
Todas las imágenes a través de las cuales se define la masculinidad
tienen como punto de referencia el falo. Vigor, determinación, eficacia,
penetración, rectitud, dureza, fuerza -el falo hace efectivo todo
esto. El falo es la marca fundamental de la virilidad, su sello,
su señal. La erección indica una poderosa realidad interior que
funciona en el hombre, sin estar totalmente bajo su control. Esta
realidad interior a veces puede diferir de los deseos conscientes
de un varón. El falo es una autoridad subjetiva para el hombre,
y objetiva para quienes lo contactan. Esto es lo que hace arquetípico
al falo. Ningún hombre tiene que instruirse en el falo. Se le presenta
como lo hace un dios. El varón usa el falo; si no puede hacerlo,
no es un hombre. Los hombres necesitan conocer su fuente de autoridad
y respetar su símbolo sagrado. El falo abre la puerta a la profundidad
masculina.
La literatura sicoanalítica ha ignorado al falo como fuerza síquica
originadora. Los padres del sicoanálisis lo han sugerido, pero no
desarrollado como elemento primordial de la siquis. La teoría sicoanalítica,
sea freudiana o jungiana, da singular primacía a la madre como base
de la vida. Esto es un error.
La falta de participación fálica en las teorías del origen, obliga
al falo a compensaciones distorsionadoras para hacerlo sentirse
y realizarse dentro de la terapia. El falo no se somete con facilidad.
Las actitudes patriarcales dominan el tratamiento sicoanalítico
aun cuando no den un lugar importante al falo. Ejemplos: se considera
que los juicios del o la analista son correctos. La experiencia
de los pacientes y su conexión con el inconsciente importan menos
que la evaluación hecha por el analista. El actual brote de comités
de ética en las sociedades analíticas es la respuesta a la perturbadora
aparición del falo dentro del consultorio; aunque no se le dé entrada
consciente, el falo estará presente en las deliberaciones. Las recientes
preocupaciones con problemas de "estructura" en los círculos jungianos,
reflejan un quiebre nervioso relativo al inconsciente, una regresión
dentro de la técnica patriarcal. Hay más que sicoterapia en el asunto.
Theodor Reik, el eminente sicoanalista freudiano, hizo la siguiente
advertencia: "El futuro demostrará que el uso del análisis en el
tratamiento de neurosis individuales no es su aplicación más importante"1.
Se refería al sicoanálisis como la base para una nueva comprensión
de la naturaleza humana. Reik recomendaba una reconexión de la sicología
con la filosofía, de donde emergió la primera como ciencia social
y médica a fines del siglo XIX. La indagación filosófica, la investigación
de las causas y leyes que sustentan la realidad, es un resultado
inevitable de la obra tanto de Freud como de Jung y el reconocimiento
secular del inconsciente, el estrato subyacente de la realidad síquica.
La epistemología, rama de la filosofía que versa sobre el proceso
del conocimiento, ha sido radicalmente alterada por la inclusión
de la experiencia subjetiva, intrasíquica, como de igual importancia
que la información objetiva empírica.
El tratamiento sicoanalítico se basa inevitablemente en suposiciones
filosóficas y epistemológicas sobre la naturaleza humana. Dónde
se yerguen, o no, la masculinidad y el falo en el sistema de valores
del analista, es de crucial importancia para el o la paciente. El
falo está siempre presente en el sicoanálisis tal como lo está en
la vida. Si se ignora el falo arquetípico, éste debe hallar el modo
de entrar inconscientemente en el proceso. Si es reconocido y se
hace parte del proceso analítico, promete el nuevo conocimiento
al que se refería Reik.
Este estudio es necesariamente personal. El lector pronto descubrirá
que el falo, para mí, es una imagen divina existencial. Traté de
escribir sicológicamente sin integrar ningún componente personal.
Fracasé. Como consecuencia, he sido llevado a lugares que habría
preferido evitar, como advertía Jung. Si los lectores se desconciertan
por el material personal, deben recordar que el sicoanálisis es
más un arte que una ciencia. La sicología es la disciplina del alma,
y el alma es siempre una visión de lo personal.
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