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Psicología
jungiana |
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Tipos
Psicológicos Jungianos
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Daryl Sharp
Introducción a la Tipología Jungiana
La experiencia de que no todo el
mundo funciona de la misma manera ha sido la base de numerosos sistemas
de tipología. Para explicar las diferencias entre las personas,
desde los tiempos más remotos se han intentado categorizar las actitudes
individuales y los patrones de conducta.
El sistema más antiguo de tipología
que conocemos es el ideado por los astrólogos orientales. Ellos
clasificaron el carácter en términos de cuatro trígonos, correspondientes
a los cuatro elementos: agua, aire, tierra y fuego. En el horóscopo,
por ejemplo, el trígono del aire consiste en los tres signos de
aire del zodíaco: Acuario, Géminis y Libra; el trígono del fuego
está compuesto por Aries, Leo y Sagitario. Según esta antiquísima
visión, quien nace bajo estos signos comparte su naturaleza aérea
o fogosa y tiene un temperamento y destino acorde a ella; igual
cosa sucede con los signos de agua y tierra. Este sistema sobrevive
en forma modificada hasta la astrología actual.
Estrechamente conectada con este
antiguo esquema cosmológico está la tipología fisiológica de la
medicina griega, según la cual los individuos se clasificaban en
flemáticos, sanguíneos, coléricos o melancólicos, basándose en los
nombres de las secreciones del cuerpo (flema, sangre, bilis amarilla
y bilis negra). Estas descripciones aún forman parte del lenguaje
corriente, aunque médicamente hace mucho tiempo que quedaron invalidadas.
El propio modelo tipológico de Jung
nació de una extensa revisión histórica del tema de los tipos en
la literatura, la mitología, la estética, la filosofía y la psicopatología.
En el prefacio de Tipos Psicológicos, que contiene su investigación
académica y un detallado resumen de sus conclusiones, él escribe:
Este libro es fruto de casi
veinte años de trabajo en el área de la psicología práctica.
Se desarrolló poco a poco en mi mente, tomando forma a partir
de las innumerables impresiones y experiencias de un psiquiatra
en el tratamiento de enfermedades nerviosas; del intercambio
con hombres y mujeres de todos los niveles sociales; de mi relación
personal con amigos y enemigos por igual; y, finalmente, de
una crítica de mis propias peculiaridades psicológicas1.
El modelo básico
Mientras las primeras clasificaciones
se basaban en observaciones de patrones de conducta temperamentales
o emocionales, el modelo de Jung se relaciona con el movimiento
de la energía psíquica y la forma en que uno, habitual o preferentemente,
se orienta en el mundo.
Desde este punto de vista, Jung
distingue ocho grupos tipológicos: dos actitudes de personalidad
-introversión y extraversión- y cuatro funciones o modos de orientación
-pensamiento, sensación, intuición y sentimiento-, cada uno de los
cuales puede operar en forma introvertida o extravertida.
Las ocho variaciones resultantes
se examinarán en capítulos posteriores, con descripciones detalladas
de cómo cada una de las funciones aparece en combinación, ya sea
con la actitud introvertida o extravertida. A continuación se explican
brevemente los términos utilizados por Jung. Aunque introversión
y extraversión se han convertido en palabras de uso diario, su significado
es frecuentemente mal comprendido; las cuatro funciones no son tan
ampliamente conocidas y menos aún entendidas.
Introversión y extraversión son
modos psicológicos de adaptación. En el primero, el movimiento de
energía es hacia el mundo interior. En el segundo, el interés está
dirigido hacia el mundo exterior. En un caso, el sujeto (realidad
interior) y en el otro, el objeto (cosas y otras personas, realidad
exterior) es lo que tiene más importancia.
La introversión, escribe Jung, "se
caracteriza normalmente por una naturaleza vacilante, reflexiva
y retraída que se encierra en sí misma, rehuye de los objetos [y]
siempre está ligeramente a la defensiva"2.
Por el contrario, la extraversión
"se caracteriza normalmente por una naturaleza expansiva, abierta
y complaciente que se adapta con facilidad a una situación dada,
crea vínculos rápidamente y, dejando de lado cualquier posible recelo,
se suele aventurar confiadamente en situaciones desconocidas"3.
En la actitud extravertida, los
factores externos son la fuerza motivadora predominante para los
juicios, percepciones, sentimientos, afectos y acciones. Esto contrasta
fuertemente con la naturaleza psicológica de la introversión, donde
los factores internos o subjetivos constituyen la principal motivación.
A los extravertidos les gusta viajar,
conocer nuevas personas y lugares. Son los típicos aventureros,
el alma de la fiesta, abiertos y amistosos. El introvertido es esencialmente
conservador, prefiere los entornos familiares del hogar, las pequeñas
reuniones con unos pocos amigos íntimos. Para el extravertido, el
introvertido es anticuado, un aguafiestas aburrido y predecible.
A su vez, el introvertido, quien tiende a ser más autosuficiente
que el extravertido, podría describir a este último como frívolo,
un superficial trotacalles.
En la práctica, es imposible demostrar
las actitudes introvertidas y extravertidas per se, es decir, en
forma aislada. El hecho de que una persona sea de una u otra manera
sólo se evidencia en asociación con una de las cuatro funciones,
cada una de las cuales tiene su área especial de destreza.
La función de pensamiento se refiere
al proceso de pensamiento cognitivo; la sensación es la percepción
mediante los órganos físicos de los sentidos; el sentimiento es
la función de evaluación o juicio subjetivo; y la intuición se refiere
a la percepción por medio del inconsciente (por ejemplo, receptividad
a contenidos inconscientes). El modelo básico de Jung, incluyendo
la relación entre las cuatro funciones, es una cuaternidad, como
se muestra en el siguiente diagrama. Aquí el pensamiento se colocó
arbitrariamente arriba; cualquiera de las otras funciones podría
estar en ese lugar, dependiendo de la preferencia de cada persona.
Sin embargo, la función que está arriba determina la posición relativa
de las otras funciones -la que está abajo y las dos que están en
el eje horizontal. Pronto se verá la razón para esto, incluyendo
la naturaleza de las funciones individuales.
En pocas palabras, la función de
sensación establece que algo existe, el pensamiento nos dice qué
es, el sentimiento nos indica su valor, y a través de la intuición
tenemos un sentido de qué puede hacerse con ello (las posibilidades).
Ninguna de las funciones por sí misma basta para ordenar nuestra
experiencia de nosotros mismos o del mundo que nos rodea; las cuatro,
escribe Jung, son necesarias para una comprensión global:
Para una orientación completa,
las cuatro funciones deben contribuir por igual: el pensamiento
debe facilitar el conocimiento y el juicio; el sentimiento debe
decirnos cómo y hasta qué punto una cosa es o no importante
para nosotros; la sensación debe transmitirnos la realidad concreta
a través de la vista, el oído, el gusto, etc.; y la intuición
debe permitirnos adivinar las posibilidades ocultas en el trasfondo,
ya que éstas también corresponden al panorama completo de una
situación dada4.
El ideal, por supuesto, es tener
acceso consciente a la función o funciones necesarias o apropiadas
para determinadas circunstancias, pero en la práctica las cuatro
funciones no están igualmente a nuestra disposición consciente;
es decir, no están uniformemente desarrolladas o diferenciadas en
ningún individuo. Invariablemente, una u otra está más desarrollada,
llamada entonces función primaria o superior, en tanto que el resto
permanece en un plano inferior, relativamente indiferenciado.
En este contexto, los términos "superior"
e "inferior" no implican juicios de valor. Ninguna función es mejor
que las otras. La función superior es, simplemente, la que una persona
tiende a usar más; asimismo, inferior no significa patológica, sino
meramente no utilizada (o al menos no tan usada en comparación con
la función preferida).
¿Qué ocurre con las funciones que
no se usan conscientemente en la vida diaria y que por lo tanto
no están desarrolladas?
Permanecen en un estado más
o menos primitivo e infantil, a menudo sólo medianamente conscientes
o incluso del todo inconscientes. Las funciones relativamente
no desarrolladas constituyen una inferioridad específica que
es característica de cada tipo y es parte integral de su carácter
total. El énfasis unilateral en el pensamiento va siempre acompañado
de una inferioridad del sentimiento, y la sensación diferenciada
es perjudicial para la intuición y viceversa5.
Tipológicamente, muchas personas
son como un plato de sopa. Funcionan en forma introvertida o extravertida
dependiendo de su estado de ánimo, del clima o de su estado mental;
piensan, sienten, perciben e intuyen más o menos al azar, sin ser
mejores o peores en una función que en otra, y sin tener la menor
idea de las consecuencias.
A primera vista, tales personas
pueden parecer bien equilibradas. Sin embargo, las características
anteriores son típicas de la inconsciencia, pues la conciencia implica
cierta diferenciación en la forma en que uno funciona. "El estado
uniformemente consciente o inconsciente de las funciones", señala
Jung, "es la marca de una mentalidad primitiva"6.
Funciones racionales e irracionales
Jung, además, describió dos de
las cuatro funciones como racionales y dos como irracionales. (También
usó los términos juzgar y percibir, respectivamente).
El pensamiento, como función de
discriminación lógica, es racional (juzgar). El sentimiento también
lo es, ya que al evaluar nuestros gustos y aversiones, puede ser
tan discriminador como el pensamiento. Pensamiento y sentimiento
se denominan racionales porque ambos se basan en un proceso reflexivo
lineal que se aglutina en un juicio específico.
Jung llamó funciones irracionales
(de percepción) a la sensación y la intuición. Cada una es una forma
de percibir simplemente lo que es: la sensación ve lo que está en
el mundo exterior, y la intuición ve (o podríamos decir "capta")
lo que está en el mundo interior.
El término "irracional", aplicado
a las funciones de sensación e intuición, no significa ilógico o
irrazonable, sino más allá o fuera de la razón. La percepción física
de algo no depende de la lógica -las cosas sólo son. De igual manera,
una intuición existe en sí misma; está presente en la mente, independiente
de la razón o de un proceso racional de pensamiento. Jung comenta:
Sólo porque [los tipos irracionales]
subordinan el juicio a la percepción, sería errado considerarlos
"irrazonables". Sería más legítimo decir que son en sumo grado
empíricos. Se basan exclusivamente en la experiencia -tan exclusivamente
que, por regla general, su juicio no puede marchar al compás
de su experiencia7.
Es especialmente importante distinguir
entre sentimiento como función psicológica y los muchos otros usos
comunes de la palabra. Jung reconocía la posible confusión: decimos
que nos sentimos felices, tristes, enojados, arrepentidos, etc.;
tenemos el sentimiento de que el tiempo va a cambiar o que las acciones
bajarán; la seda se siente más suave que la arpillera, se siente
que algo no es correcto, etc. Claramente usamos la palabra "sentir"
con gran liberalidad, ya que en un contexto específico puede referirse
a percepción sensorial, a ideas, a intuición o a una reacción emocional.
Se trata entonces de definir con
claridad nuestra terminología. Mientras indiquemos el sistema que
estamos usando, podemos medir la temperatura en grados Fahrenheit,
Celsius o Réaumur, la distancia en millas o kilómetros, el peso
en onzas o gramos, el granel en bushels o libras. En el modelo de
Jung, el término "sentimiento" se refiere estrictamente a la forma
en que, subjetivamente, evaluamos lo que algo, o alguien, vale para
nosotros. Éste es el sentido en que es racional; de hecho, en la
medida en que no está teñido por la emoción, es decir, influenciado
por un complejo activado, el sentimiento puede ser muy frío.
En efecto, la función de sentimiento,
como modo de orientación psicológica, por ningún motivo se debe
confundir con la emoción. Esta última, más propiamente llamada afecto,
es invariablemente consecuencia de un complejo activo. "El sentimiento
se distingue del afecto", escribe Jung, "por el hecho de que no
produce inervaciones físicas perceptibles, es decir, ni más ni menos
que un proceso corriente de pensamiento"8.
El afecto tiende a contaminar o
distorsionar cada una de las funciones: no podemos pensar bien cuando
estamos furiosos; la felicidad colorea la forma en que percibimos
a la gente y las cosas; no podemos evaluar adecuadamente cuánto
vale algo para nosotros cuando estamos alterados; y las posibilidades
se esfuman cuando estamos deprimidos.
La función primaria y las funciones
auxiliares
Como se señaló más arriba, una de
las cuatro funciones está invariablemente más desarrollada que las
otras. Esta es la función primaria o superior, la que usamos automáticamente
porque nos surge en forma natural y nos reporta ciertas recompensas.
Jung escribe:
La experiencia muestra que es
prácticamente imposible, debido en general a circunstancias
adversas, que alguien desarrolle todas sus funciones psicológicas
en forma simultánea. Las exigencias de la sociedad obligan a
un hombre a dedicarse, antes que nada, a la diferenciación de
la función con la cual ha sido mejor equipado por la naturaleza
o que le asegurará el mayor éxito social. Muy a menudo, en realidad
por regla general, un hombre se identifica casi completamente
con la función más favorecida y, por lo tanto, más desarrollada.
Esto es lo que da origen a los distintos tipos psicológicos.
Como consecuencia de este desarrollo unilateral, una o más funciones
quedan forzosamente retardadas9.
En este contexto, la palabra "retardadas"
significa simplemente descuidadas o no bien desarrolladas. En realidad,
sólo en casos extremos están ausentes las otras funciones, y regularmente
hay una segunda función (e incluso una tercera) que es lo bastante
prominente como para ejercer una influencia codeterminante en la
conciencia.
Se puede, por supuesto, estar consciente
de los contenidos o productos asociados con cada una de las funciones.
Por ejemplo, yo puedo saber qué estoy pensando sin tener una función
primaria de pensamiento, y puedo distinguir entre una mesa y una
botella sin tener una función superior de sensación. Pero, según
Jung, sólo podemos hablar de la "conciencia" de una función "cuando
su uso está bajo el control de la voluntad y, al mismo tiempo, su
principio rector es el decisivo para la orientación de la conciencia":
Esta soberanía absoluta pertenece
siempre, empíricamente, a una sola función y puede pertenecer
sólo a una función porque la intervención igualmente independiente
de otra función produciría, necesariamente, una orientación
diferente que, al menos en forma parcial, se contrapondría a
la primera. Pero ya que para el proceso consciente de adaptación,
es una condición vital tener siempre objetivos claros y precisos,
la presencia de una segunda función de igual poder queda naturalmente
descartada. Por lo tanto, esta otra función puede tener sólo
una importancia secundaria... Su importancia secundaria se debe
al hecho de que no es, como la función primaria... un factor
absolutamente confiable y decisivo, sino que entra en juego
más como una función auxiliar o complementaria10.
En la práctica, la función auxiliar
es siempre aquélla cuya naturaleza, racional o irracional, es diferente
de la función primaria. Por ejemplo, el sentimiento no puede ser
la función secundaria cuando el pensamiento es dominante, y viceversa,
porque ambos son funciones racionales o de juicio:
El pensamiento, si ha de ser
real y fiel a su propio principio, debe excluir rigurosamente
el sentimiento. Esto, desde luego, no elimina el hecho de que
hay individuos cuyo pensamiento y sentimiento están al mismo
nivel, siendo ambos de igual poder motor para la conciencia.
Pero en estos casos tampoco se trata de un tipo diferenciado,
sino meramente de pensamiento y sentimiento relativamente poco
desarrollados11.
Por consiguiente, la función secundaria
es, siempre, aquélla cuya naturaleza difiere de, pero no es antagónica,
a la función primaria: cualquiera de las funciones irracionales
puede ser auxiliar de una de las funciones racionales, y viceversa.
Asimismo, cuando la sensación es
la función primaria, la intuición no puede ser la función auxiliar,
y viceversa. Esto se debe a que la operación efectiva de la sensación
exige centrarse en percepciones sensoriales del mundo exterior.
Esto no es simultáneamente compatible con la intuición, la cual
"siente" ("senses") lo que está sucediendo en el mundo interior.
Así, pensamiento e intuición pueden
fácilmente emparejarse, al igual que pensamiento y sensación, ya
que la naturaleza de la intuición y la sensación no es fundamentalmente
opuesta a la función de pensamiento. En verdad, como veremos más
adelante en las descripciones detalladas de los tipos, ya sea la
intuición o la sensación -funciones irracionales de percepción-
serían muy útiles para los juicios racionales de la función de pensamiento.
En la práctica, es igualmente cierto
que la sensación es reforzada por la función auxiliar de pensamiento
o sentimiento, el sentimiento es ayudado por la sensación o la intuición,
y la intuición por el sentimiento o el pensamiento.
Las combinaciones resultantes
presentan, por ejemplo, el cuadro familiar del pensamiento práctico
aliado con la sensación; el pensamiento especulativo avanzando
impetuoso con la intuición; la intuición artística seleccionando
y presentando sus imágenes con la ayuda de los valores-sentimiento;
la intuición filosófica sistematizando su visión en ideas globales
a través de un intelecto poderoso; etc.12
La función inferior
Como ya se mencionó, aquellas funciones
que no son la más dominante o preferida, son relativamente inferiores.
En todos los casos existe una función
que resiste en forma especial la integración dentro de la conciencia.
Esta es la llamada función inferior o a veces, para distinguirla
de las otras funciones inferiores, "cuarta función".
"La esencia de la función inferior",
escribe Jung, "es la autonomía: es independiente, ataca, fascina
y nos enreda de tal modo que dejamos de ser dueños de nosotros mismos
y ya no podemos distinguir claramente entre nosotros y los demás"13.
Marie-Louise von Franz, colega
y estrecha colaboradora de Jung durante muchos años, señala que
uno de los grandes problemas de la función inferior es que generalmente
es lenta, en contraste con la función primaria:
[Por eso] la gente detesta empezar
a trabajarla; la reacción de la función superior surge rápida
y adecuadamente, mientras muchas personas no saben dónde está
en realidad su función inferior. Por ejemplo, los tipos pensantes
ignoran si tienen sentimiento o qué clase de sentimiento es.
Deben sentarse media hora a meditar acerca de si tienen sentimientos
respecto a algo y, si es así, de qué se tratan. Si preguntamos
a un tipo pensante qué es lo que siente, por lo general responde
con un pensamiento o una rápida reacción convencional; y si
insistimos en saber qué es lo que realmente siente, no lo sabe.
Arrancárselo del vientre, por decirlo así, puede tomarnos media
hora. O si un intuitivo llena su declaración de impuestos, necesitará
una semana para lo que a otros les tomaría sólo un día14.
En el modelo de Jung, como se muestra
en el diagrama de la página 11, la función inferior o cuarta es
invariablemente de la misma naturaleza que la función primaria:
cuando la función racional de pensamiento está muy desarrollada,
entonces la otra función racional, el sentimiento, será inferior;
si la sensación es dominante, entonces la intuición, la otra función
irracional, será la cuarta función; etc.
Esto concuerda con la experiencia
general: por lo común los valores del sentimiento hacen zancadillas
al pensador; el tipo sensorial práctico entra con facilidad en una
rutina, ciego a las posibilidades "vistas" por la intuición; el
tipo sensitivo es sordo a las conclusiones presentadas por el pensamiento
lógico; y el intuitivo, sintonizado con el mundo interior, choca
con la realidad concreta.
Uno no necesariamente olvida por
completo aquellos juicios o percepciones asociados con la función
inferior. Los tipos pensantes, por ejemplo, pueden conocer sus sentimientos
-siempre y cuando sean capaces de introspección15-, pero no les
conceden mayor valor; negarán su validez e incluso quizás afirmen
no ser influenciados por ellos.
Asimismo, los tipos sensoriales
que están unilateralmente orientados a las percepciones sensoriales
físicas pueden tener intuiciones, pero aun cuando las reconozcan,
no estarán motivados por ellas. De igual manera, los tipos sensitivos
desecharán los pensamientos perturbadores, y los intuitivos simplemente
ignorarán lo que tienen frente a sus propias narices.
Aunque la función inferior puede
ser consciente como fenómeno, su verdadera significación permanece,
no obstante, irreconocida. Se comporta como muchos contenidos
reprimidos o insuficientemente apreciados, que son en parte
conscientes y en parte inconscientes... Así, en casos normales,
la función inferior permanece consciente, al menos en sus efectos;
pero en una neurosis se sumerge total o parcialmente dentro
del inconsciente16.
En la medida en que una persona
funciona en forma demasiado unilateral, la función inferior se torna
correspondientemente primitiva y problemática, tanto para uno mismo
como para los demás. ("La vida no tiene misericordia", dice Von
Franz, "con la inferioridad de la función inferior")17. La energía
psíquica requerida por la función primaria resta energía a la función
inferior, la cual cae dentro del inconsciente. Allí tiende a activarse
en forma no natural, originando fantasías infantiles y una serie
de perturbaciones de la personalidad.
Eso es lo que regularmente sucede
en una llamada crisis de la edad mediana, cuando un individuo ha
descuidado aspectos de la personalidad por tanto tiempo que éstos,
finalmente, exigen ser reconocidos. En tales momentos es usual proyectar
la causa de las "perturbaciones" en los demás. Sólo un período de
autorreflexión y análisis de las fantasías puede devolver el equilibrio
y permitir un mayor desarrollo. En realidad, como señala Von Franz,
una crisis de esta índole puede ser una oportunidad soñada:
En el ámbito de la función inferior
existe una gran concentración de vida, de modo que, en cuanto
la función superior se desgasta -empieza a traquetear y a perder
aceite como un auto viejo-, si las personas logran virar a su
función inferior, redescubrirán un nuevo potencial de vida.
En el ámbito de la función inferior, todo se torna excitante,
dramático, pleno de posibilidades positivas y negativas. Hay
una tremenda tensión y el mundo es, por decirlo así, redescubierto
a través de la función inferior18
Esto, sin embargo, no está carente
de molestias, ya que el proceso de asimilar la función inferior,
"elevándola" a la conciencia, se acompaña invariablemente por un
"rebajamiento" de la función superior o primaria.
El tipo pensante que se concentra
en la función de sentimiento, por ejemplo, tiene dificultades para
escribir un ensayo, no puede pensar lógicamente; el tipo sensorial
que se involucra activamente con la intuición pierde las llaves,
olvida sus compromisos, deja el horno prendido toda la noche; el
intuitivo se fascina con los sonidos, colores y texturas e ignora
las posibilidades; el tipo sensitivo se sumerge en los libros, inmerso
en ideas en perjuicio de su vida social. En cada caso, el problema
consiste en encontrar un camino intermedio.
Hay características típicas asociadas
con cada función cuando ella opera en forma inferior. Más adelante
se comentarán algunas. Aquí basta con señalar que la hipersensibilidad
y las reacciones emocionales fuertes de cualquier clase -desde enamorarse
hasta una ira ciega- son un signo seguro de que se ha activado la
función inferior, junto con uno o más complejos. Esto, naturalmente,
origina múltiples problemas de relaciones.
En terapia, cuando es necesario
o deseable desarrollar la función inferior, ello sólo puede ocurrir
en forma gradual, y pasando primero por una de las funciones auxiliares.
Como comenta Jung:
A menudo he observado cómo un
analista, confrontado con un tipo pensante extremo, por ejemplo,
hará lo imposible por desarrollar la función de sentimiento
directamente desde el inconsciente. Tal intento está condenado
al fracaso, pues implica una violación demasiado grande al punto
de vista consciente. Sin embargo, si la violación resulta exitosa,
se produce una dependencia realmente compulsiva del paciente
en el analista, una transferencia que sólo puede terminarse
en forma brutal, porque, habiendo sido privado de sus parámetros,
el paciente convierte al analista en su modelo... Para amortiguar
el impacto del inconsciente, un tipo irracional necesita un
desarrollo más fuerte de la función auxiliar racional presente
en la conciencia [y viceversa].
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