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Colección Manuales
de esto y lo otro

   

El Esquiador Centrado
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Denise McCluggage

Crítica del libro

Escrito básicamente para apoyar la tarea de instrucción de los profesionales del esquí. Sin embargo tras la lectura de su contenido y el análisis de los conceptos fluyen analogías con la enseñanza de la técnica de danza clásica. En su prólogo, escrito por Francisco Huneeus (Chile, Editorial Cuatro Vientos), a la vez responsable de la traducción del libro, hace mención a la riqueza del contenido del texto y a la factibilidad de transpolar muchos de sus conceptos a otras disciplinas que se interesan por el "cuerpo y la mente".
El acento del libro está puesto en los "estados internos" que inciden en el rendimiento, como los factores anímicos o emocionales, cuyo dominio, transmisión y reproducción es dificultosa.


La autora encontró algunas explicaciones y formas de abordaje de esta compleja temática, a partir de conceptos tomados de las disciplinas orientales, tarea dificultosa desde la racionalidad occidental.
En los primeros capítulos el libro aborda una serie de conceptos muy utilizados en la danza, cuya internalización y aplicabilidad se dificultan, sobre todo en los primeros años de la enseñanza de esta disciplina. La autora encontró a través del lenguaje chino "más que una manera de comunicación, una herramienta de percepción", que le permitió ampliar su visión de las cosas, su capacidad de expresión y por consecuencia, su posibilidad de transmisión.


La secuencia del lenguaje parece dar poco lugar a la comprensión de la simultaneidad, y tanto la danza como los deportes se valen permanentemente de acciones que involucran simultaneidad en esfuerzos musculares, en sensaciones, en movimientos en el espacio, en ritmos, sonidos, silencios. Trascender la linealidad del lenguaje no parece tarea sencilla, sin embargo para el arte de la danza y otras disciplinas corporales, aparece como una necesidad primaria.


A través del t'ai chi ch'uan (el más antiguo de las artes marciales orientales), Denise Mc Cluggage le permitió a su cuerpo aprender a mezclar "opuestos", "aprendió lo que el intelecto no puede enseñar: el ir allá es volver atrás; el levantarse es caer; la quietud es movimiento; extender es absorber; dispersar es recoger. El cuerpo aprendió. El cuerpo le enseñó a la mente…" (Mc. Cluggage; 1996; 15).
En relación con las actividades tendientes a lograr ese propósito, la autora detalla los talleres organizados a tal fin. Comienza con visualizaciones a fin de echar una mirada interior entre todos los alumnos, e incluso ella misma, respecto de las "expectativas" individuales, las cuales había que lograr exterminar en razón de que "las expectativas, hacia uno, sean propias o ajenas, son siempre una carga". De esta manera y ya sin limitaciones a priori, se podría "vivenciar directamente" lo que fuera a ocurrir a partir de ello.


Los primeros capítulos brindan herramientas para la transmisión de conocimientos básicos de la técnica clásica que se constituyen en específicos en el proceso de la enseñanza y el aprendizaje de la técnica clásica.


En el capítulo dos, titulado "Centrarse y Energía", se lee una leyenda de T.S. Eliot que dice: "Si no fuera por el punto quieto, no habría danza alguna…", a partir del cual derivan los conceptos que se incluyen en sus páginas y que refieren al centro del propio universo del hombre y a las diferenciaciones hechas sobre el espacio en el que se mueve: adelante y atrás, derecha e izquierda, arriba y abajo.
Los conceptos que indica la autora en referencia al esquí son también válidos en la danza. Si la diferencia entre un buen y un mal esquiador está dada en su relación con la montaña o el espacio real en el que se mueve, la diferencia entre un buen bailarín y uno malo también se puede apreciar en su relación con el espacio escénico.


Los buenos esquiadores tienen una relación "yo-tú" con la montaña, se unen a ella. El bailarín en escena es parte de ese todo, está unido a una totalidad que incluye su dominio de la técnica y fluir adecuado de las energías, sentimientos y emociones.


Si se tiene en cuenta que, entre los objetivos de mayor importancia que persiguen las escuelas de formación profesional en danza en los primeros años de la enseñanza, se encuentra la adecuada colocación del tronco para el dominio de la técnica específica y la coordinación entre este con los movimientos de los miembros superiores e inferiores, y la cabeza en espacio y ritmos, se podría inferir que lograr internalizar los conceptos vertidos en este trabajo coadyuva indudablemente con estos relevantes propósitos.

 

 

   
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