volver al libro
Santiago, 03 de junio de 2007´
Coordinadora Universitaria por la Diversidad Sexual
Teléfono Celular: 09 9772107
cuds@cuds.cl
ENTREVISTA
Antonia Katz, poeta y escritora:
“PAGUÉ MI FACTURA
POR ADELANTADO”
En la vida todo tiene un precio. Algunos lo pagan en cuotas, otros
a crédito, o algunas, como Antonia, sienten que les cobran
por un “producto” defectuoso, del que nunca pudieron sacar
real provecho. Recién a sus 31 años, la autora de “Escrito
en la piel” dice estar recibiendo los beneficios por los que
pagó desde que llegó a este mundo: Se siente feliz y
completa.
Por Loreto Montero – Colaboradora CUDS - Junio 2007
Estudió dos años de Ingeniería Ambiental en la
Academia de Humanismo Cristiano, y dos de Periodismo en la Universidad
Arcis. Ninguna de las dos carreras la convencieron. A los 21 años
decidió irse a vivir sola, para acabar con las constantes discusiones
que tenía con su madre. Pasó de pensión en pensión,
volviendo esporádicamente a su primer hogar, hasta que logró
establecerse en un lugar determinado. Hace 12 años que trabaja
en el Ministerio de Educación, y reconoce que aún le
da un poco de vergüenza que sus compañeros de trabajo
se enteren de que ella es realmente “Antonia Katz”, nombre
ficticio de la autora del libro “Escrito en la piel” de
Editorial Cuatro Vientos, donde esta treintañera narra sus
primeras y recientes relaciones amorosas con mujeres.
¿Por qué “Escrito en la piel”?
-Inicialmente se iba a llamar “Las mujeres de mi vida”,
pero coincidía con el nombre de otro libro nacional que se
llama “La mujer de mi vida”, entonces tuve que desecharlo.
El nombre debía representar algo como una marca, así
que fui tanteando entre tatuaje, marca, piel, y al final salió
“Escrito en la piel”. Ahora he reparado en que hay otras
obras con el mismo título, pero igual creo que refleja súper
bien la vivencia y no me arrepiento de haberle puesto ese nombre.
¿Cuándo te diste cuenta que lo que habías escrito
era “publicable”?
-Cuando se lo mostré a Francisco Huneeus (editor de Cuatro
Vientos), que en ese entonces era mi psiquiatra, y era la persona
con “visión literaria” más cercana que tenía.
Yo sabía que había una posibilidad muy pequeña
de publicarlo, porque sé lo sesgado y elitista que es el mundo
literario. Si hubiera tenido más aspiraciones, hubiera terminado
decepcionada, pero al final salió todo bien y a Pancho le gustó.
¿Cómo crees que está la literatura chilena en
cuanto a temáticas lésbicas?
-No soy una gran lectora de literatura chilena, pero según
las opiniones que he recibido por el libro, creo que hasta ahora no
existían alusiones explícitas al tema. Por ejemplo,
Malú Urriola me encanta, pero ella escribe con cierta ambigüedad.
En algunos versos habla de “ella”, pero no es algo claro.
Pía Barros puede ser, pero no existen mujeres que narren estas
cosas, con la libertad que lo hacen los hombres.
¿Quién fue la primera persona que leyó tu libro?
-Mi pololo de aquélla época, y paralelamente "Laura",
que es en el libro la primera pareja de la protagonista.
¿Cómo te decidiste a iniciar toda esta búsqueda
amorosa, dentro de tu propio género?
-Fue por una fantasía sexual. Siempre pensaba: “alguna
vez me gustaría darle un beso a una mujer”. No fue algo
que me predeterminara, tengo seis hermanas, he visto “cueros”
femeninos toda la vida, y nunca fue algo que me erotizara. Hay gente
que dice que es algo genético, pero no, para mí es una
opción. Yo estoy con “A” porque quiero estar con
“A” y puedo irme a “B” también, si
quiero.
¿Crees que para la mayoría de la gente, la sexualidad
ha sido también una opción?
-Yo creo que hay diversidad porque, por ejemplo, mi mejor amiga sabía
desde muy pequeña que le gustaban las mujeres. Tuvo pololos,
lo pasó bien, llegó a querer, pero no llego a amar;
algo faltaba. Hay muchas personas que siguen un camino tradicional
durante un tiempo, y que después se dan cuenta que ahí
no está la respuesta que buscan. Así mismo, hay personas
que han tenido acercamientos con este mundo y no les han sido favorables,
y quedan con la sensación de “puta, no soy de aquí
ni de allá”. Gracias a Dios, yo tuve la suerte de haber
llegado a un sitio en donde encontré personas que me abrieron
su casa, que me acogieron y que no me juzgaron preguntándome
si era lesbiana “derechamente”, sino que sabían
que yo estaba en una búsqueda.
¿Esa búsqueda continúa?
- En este minuto no, porque ahora estoy enamorada de la Sol , mi actual
pareja; tengo proyectos con ella y siento que es mi camino. Pero como
todo camino, puede surgir un rumbo distinto. Yo no me voy a poner
un cartel que diga “lesbiana”, si sé que el día
de mañana puedo terminar con esta relación, encantarme
con otra persona, y cambiar de vida. Yo me quiero sentir libre de
estar en dónde quiera estar.
¿Tu familia sabe de todo esto?
-No saben. Y no es porque sea algo secreto para mí. Tú
me puedes ver por ahí a las cinco de la tarde de la mano de
la Sol , y ningún rollo. Pero tengo una familia disfuncional,
entonces, que yo les cuente o no sobre esto, no les aporta en nada.
Creo que no hay que tener una ansiedad por contarlo. No lo tengo planificado
y no pretendo forzar la situación.
Por eso el seudónimo… ¿Cómo se te ocurrió?
-Tengo un amigo bonaerense que se llama Gabriel Katz, y hubo un tiempo
en el que hablábamos mucho sobre el nombre que tendría
nuestra hija si tuviéramos una. Él siempre decía
que se llamaría Antonia. Eso coincidió con que, en ese
tiempo, yo iba a ver a mi psicóloga que era una bruja (literalmente),
y por la numerología, me dijo que el nombre estaba perfecto
y el título del libro también.
Saliste en el Informe Especial el año pasado. ¿Cómo
surgió eso?
-Era un reportaje sobre la sexualidad de la mujer. Nos contactaron
a través de “Rompiendo el Silencio” (revista virtual
de contenido lésbico) porque la Erika Montecinos, directora
y editora del medio, tiene una base gigante de datos, de “mujeres,
que gustan de otras mujeres”. Así que consiguió
que Diana, una de las barwomen de la disco Femme , yo, y una periodista
de Concepción, saliéramos hablando sobre el “lesbianismo”.
Y nada poh…(risas) Santiago Pavlovich es gigante, impenetrable
y homofóbico.
¿Qué significa el amor para ti?
-Soy una eterna buscadora del amor. Puedo ser la mina más psicópata
cuando me gusta alguien o estoy enamorada de alguien. Soy capaz de
dar vuelta el mundo por esa persona. Pero en el momento en que se
me acaba el amor, se acaba toda mi pose de “guerrillera”.
¿Cómo es la relación afectiva entre mujeres?
-Es súper amorosa y de amistad. Cuesta discernir si se está
enamorada de la mejor amiga, o si son “amantes-amigas”,
porque el límite es muy sutil. Por ejemplo, yo con la Sol la
pasamos la raja, nos reímos montones, somos cabras chicas y
salimos. Con ella llevo una vida que no sé si antes me negué,
o si mis parejas anteriores no me permitían llevar, porque
tuve muy mala cuea con los hombres. En ese sentido, reconozco que
también hay una parte mía súper dañada,
pero los últimos tres años la han recompensado.
¿Contemplas la maternidad dentro de tus proyectos de vida?
-Me hubiera encantado ser mamá más joven porque siento
que, a medida que pasan los años, me voy acostumbrando a mis
rutinas. Soy súper perezosa, medio depresiva, y me da pavor
traer a un niño a este mundo tan hostil. Además, si
no se tiene una buena situación económica, y familiares
cerca, la maternidad se vuelve un infierno. Así que por ahora,
no lo tengo contemplado.
¿Qué puedes decir acerca de tu familia?
-Tengo a mi mamá; dos hermanos y seis hermanas. Cuando yo tenía
11 años se murió mi papá y a los 21, se suicidó
una de mis hermanas. Nosotros estuvimos siempre en un ambiente muy
hostil. Cuando era chica, a mi me generaba conflictos el hecho de
esperar cosas de mi mamá, que yo no sabía que ella no
me podía dar. Mi mamá, para no sentirse insegura de
si lo que nos decía era lo correcto o no, prefirió no
decir nada y darnos todas las libertades posibles. Cada uno tomó
conciencia muy prematuramente de que estaba solo en el mundo, y de
que los otros son sólo compañía.
Y esa consciencia tan prematura ¿ha sido una desventaja en
tu vida?
-Si me pongo en la parada de que me hubiera gustado vivir una adolescencia
más contenta, diría que fue una desventaja. Pero hoy
me siento feliz y completa. No vivo pensando en el futuro ni en el
pasado.
¿Tienes alguna filosofía de vida?
-Yo creo que en la vida, todo lo bueno que a uno le pasa, hay que
pagarlo. Yo desde mi infancia hasta como los 25 años, viví
con esta sensación de carencia y de pérdida. Ahora estoy
en un punto en que la vida me está regalando. Yo pagué
mi factura por adelantado. Pienso que voy a tener una vejez maravillosa
y me voy a morir feliz, porque a partir de ahora, voy a borrar todo
lo gris que he vivido.
http://www.cuds.cl/entrevistas/3jun07.htm
volver al libro