Diario La Nación - Cultura

 

volver al libro


Recuerdos, fina selección
La Nación, Miércoles 6 de Diciembre de 2006


Fernanda Donoso

SU TATARABUELO hizo construir el palacio que aún (oh, rareza) está frente al Teatro Municipal, y su abuela conocía al Aga Khan y al príncipe de Saboya, y veraneaba en la famosa mansión de Cerro Castillo vecina del palacio presidencial (“que era nuestra segunda casa”).

Asumámoslo: son los recuerdos de una clase que siempre está diciendo que se va, que vive con nostalgia de sí misma, los Lyon-Edwards-Subercaseaux, los viajes a Europa en barco, con vaca lechera (los terratenientes argentinos también hacían esos viajes, todo es copia de una copia), grandes departamentos en el Parque Forestal, gran Cine Rex, organillos con loro y palacios franceses que irrumpían.

Por otra parte ella ha viajado mucho: vio las esclusas que nivelan los océanos en el canal de Panamá, La Habana de Batista con Carmen Miranda cantando “Bonita banana”, París a todo París y el África de las cacerías.

Hay tribus que crecen y tribus que se disuelven, generaciones que ganan plata y generaciones que la gastan, pero recordar -en su origen latino- significa “traer al corazón”. Y ella recuerda. O quizás a uno le caiga bien, de lejos, y esas son consideraciones extraliterarias, pero este libro es definitivamente extraliterario, y es histórico siendo totalmente personal. Lo personal se lleva.

Los detalles, inescapables, evocan una felicidad perfecta, jamás alcanzada por la humanidad, apenas por algunos niños. Aquí la inocencia se terminó el día de la primera confesión, los pijamas eran blancos con lunares rojos, las palmeras estaban en el lobby, imperaba el Art Decó. Los grandes fumaban en el living (living se escribía con cursivas), los niños llegaban tímidos, con esos pijamas, y se iban a dormir de la mano de sus “mamas” luego de una tormenta de halagos.

Escribir un libro de memorias cuando se ha tenido colección de diarios de vida y carnés de baile es hacer la maleta para poner a salvo el tiempo. Es una última promoción.

Por lo demás, todo ser humano en capacidad de publicar, está haciendo las suyas. Como los grandes heridos y las heroínas románticas, ella no confiesa ni una pena, y “Siempre habría poesía” es un álbum ilustrado. “La Menene” -María Filomena Lyon Subercaseaux- dice: “No creo en los clanes, creo en las familias”. Un exceso de delicadeza. Por qué no.


SIEMPRE HABRA POESÍA

María Filomena Lyon Subercaseaux

Editorial Cuatro Vientos

Santiago, Chile, 2006

270 páginas

 

 

volver al libro