| Conversaciones
con el Demonio
Psicologia del mal
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Carl Goldberg
N O T A D E L A
U T O R
Recurrimos al espíritu humano
para guiarnos. Si alguna vez se necesitó encontrar formas
constructivas para desviar las fuerzas del odio y los malentendidos
de senderos destructivos que pueden conducir a una serie de calamidades
capaces de consumir a todo el planeta, eso es hoy. En efecto, en
casi todas las regiones del mundo estamos siendo testigos de la
feroz batalla entre el "bien" y la "malignidad".
Puede parecer ingenuo apuntar a la lucha central de nuestra época
en términos de un concepto primordial de moralidad. Sin embargo,
no podemos ignorar livianamente el hecho de que el odio lucha con
la compasión y el afecto no sólo entre las naciones
sino también en el corazón de cada ser humano.
En este libro exploro los potenciales
de malignidad en el desarrollo de la personalidad humana. Uso el
término "mal" en el subtítulo porque la
"malignidad" -en rigor, más apropiada para mi argumento-
es menos probable que sea reconocida por muchos lectores como una
potente fuerza destructiva que provoca serios problemas sociales.
Pero mi tema es en verdad la malignidad,
ya que ésta involucra la crueldad, ensañamiento e
indiferencia que estimulan las fuerzas del odio y la disensión
que impiden a gran parte de la humanidad construirse una existencia
que trascienda la supervivencia bruta -como hemos visto en los últimos
años en Serbia, Haití e Irak.
Me preocupan sobre todo las consecuencias
cotidianas de la malignidad, no las interrogantes metafísicas
sobre el mal. En consecuencia, hago una distinción radical
entre los conceptos de malignidad y mal -términos que muchos
autores han usado tradicionalmente en forma intercambiable. (Para
evitar la monotonía, a veces uso palabras análogas
para "maligno" como "perverso", "maléfico",
"malvado" y "siniestro").
Históricamente, quienes han
abordado las interrogantes sobre el mal han intentado cerciorarse
de si existe o no una fuerza diabólica sobrenatural o, alternativamente,
si el mal reside inalterablemente en nuestra estructura genética.
Estas preguntas jamás han sido respondidas satisfactoriamente.
De hecho, a través de los siglos se ha escrito un sinnúmero
de tratados religiosos y filosóficos sobre el tema sin ningún
resultado.
En este libro adopto una orientación
diferente. No profundizo en la metafísica de los actos crueles
y destructivos (fuera de un resumen de la historia del mal en el
Capítulo 2), ya que es innecesario atribuir los problemas
de la moral a la metafísica. Aunque uso la palabra "demonio"
en el título, es sólo en su sentido metafórico,
al referirme a individuos que se han transformado en seres capaces
de extrema brutalidad y atrocidad. Tales personas están involucradas
en importantes acontecimientos en nuestro mundo, pero dado que nos
tienen aterrorizados y no podemos comprenderlas, tratamos de distanciarnos
de ellas, racionalizando nuestra reacción y diciéndonos
que su conducta es insensata.
En realidad, como lo sugiere la
palabra "diálogo" en el subtítulo, uno se
puede comunicar tranquilamente con muchas de estas personas. Como
he aprendido gracias a mi experiencia profesional con individuos
involucrados en comportamientos crueles y destructivos, podemos
descubrir que su conducta, por inicua que sea, no es totalmente
insensata.
Mi evitación de las cuestiones
metafísicas en este libro no indica tanto una falta de fe
religiosa como el deseo de mantenerme rigurosamente concentrado
en una meta específica. En resumen, es más productivo
buscar las explicaciones de la crueldad y destructividad humanas
sin referirnos a lo metafísico. Si nos limitáramos,
por ejemplo, a explicar las conductas destructivas suponiendo la
existencia de una fuerza sobrenatural corruptora que toma posesión
de la gente, obligándola a cometer actos horrendos, estaríamos
concediendo que nuestra inteligencia y entendimiento están
limitados al nivel de lo primitivo. Pero al explorar los potenciales
de malignidad como lo hago en este libro, desechamos la necesidad
de considerar a las personas como predestinadas para el "bien"
o el "mal" en razón del destino o de los genes
-o la necesidad de considerar a los seres humanos como instrumentos
reactivos de una cultura o sociedad maligna.
Como demostraré, he descubierto
seis conceptos cruciales para comprender el problema de la malignidad:
vergüenza, desprecio, racionalización, justificación,
incapacidad o renuencia al autoexamen, y pensamiento mágico.
Tomados en conjunto, estos procesos sociales y psicológicos
constituyen buena parte de la conducta cruel y destructiva que defino
como malignidad.
Las historias de pacientes que reconstruyo
en los próximos capítulos revelan que ninguna fuerza
sobrenatural o rasgo humano inherentemente destructivo se requiere
como parte de mi teoría. Más bien, reflejan mi trayectoria
como psicoanalista tratando de comunicarme con individuos atrapados
por fuerzas siniestras. Cada caso representa uno de los cinco pasos
del desarrollo progresivo de la personalidad malvada -es decir,
he usado las luchas de mis pacientes para ilustrar la teoría
de la malignidad que presento en este libro.
He utilizado una serie de métodos
clínicos para entablar diálogos con estos seres afligidos:
insights psicoanalíticos, reconocimientos personales y espirituales
acerca de mí mismo, y conocimientos del comportamiento humano
proporcionados por sabios a través de los milenios. Especialmente
me he remitido a éstos al trabajar con pacientes que creían
estar poseídos por el mal.
A menudo he necesitado usar enfoques
diferentes de los que aprendí como psicólogo y psicoanalista
con formación tradicional. De otro modo no podría
haber influenciado y convencido -o incluso engatusado cuando era
necesario- a estos pacientes penosamente vulnerables para que renunciaran
a su ámbito mágico por un mundo que, pese a ser objetivamente
más limitado, al fin les permitiría ganar un auténtico
sentido de poder personal y autoestima.
El material clínico que presento
sólo tiene por objeto ilustrar mis conceptos teóricos,
y no validarlos empíricamente. En mi opinión, la información
clínica no puede "demostrar" legítimamente
una teoría psicológica hasta haber analizado y tratado
con éxito a muchos pacientes del mismo tipo. Sólo
entonces se pueden sistematizar las influencias comunes en el tratamiento
de los casos y hacer un contraste entre la teoría psicológica
usada para trabajar con ellos y las teorías competitivas
de tratamiento.
De acuerdo con el mandato de mi
ética profesional y mis propios escrúpulos, he disfrazado
la identidad de mis pacientes introduciendo cambios en sus respectivas
historias clínicas. Además, para acentuar los planteamientos
críticos en discusión, he modificado las circunstancias
exactas de algunas descripciones. Finalmente, algunos diálogos
son resúmenes de lo que en realidad dijimos mis pacientes
y yo.
Carl Goldberg
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