PRÓLOGO

 

(edición en lengua española de “Cognitive Processes and Emotional Disorders” *)

 

Giovanni Liotti [1]

 

 

                Han transcurrido más de veinte años desde que, junto con Vittorio Guidano, escribí el libro Procesos Cognitivos y Desórdenes Emocionales), (PCDE) ahora traducido al español. Veinte años: un intervalo que podría permitir captar si, entre las ideas expuestas en el libro, hay algunas que, habiendo resistido bien la prueba del tiempo, justifican aún su lectura. Sería pues oportuno prologar esta traducción con un debate crítico de aquellas ideas que, en él, han demostrado una validez duradera, de modo que guíe la atención del lector para poder detenerse en aquellos puntos, entre todo lo que encontrará en el libro, que puedan ser considerados una contribución especialmente sólida y eficaz para comprensión de la psicopatología y de la psicoterapia. 

                                                                                                                       del prólogo de G. Liotti

 

                                         

            Dos consideraciones me impiden dedicar este prefacio a tal debate crítico. La primera, es que un autor nunca puede ser objetivo al juzgar su propia obra. La segunda, es que el recuerdo de mi colaboración con Vittorio Guidano, de la cual surgieron las ideas expuestas en PCTE, está marcado por un duelo. Vittorio desapareció prematura, inesperadamente y para mí inconcebiblemente hace cinco años. No podría detenerme sobre las ideas que ocupan las páginas del libro, sin recordar las conversaciones con Vittorio durante las cuales tales ideas tomaron forma. Y no puedo recordar esas conversaciones, prolongadas durante tantos años de profunda amistad, sin experimentar emociones intensas que, fuerte y dolorosamente, me llevan a querer todavía conversar con él, a discutir animadamente, a entusiasmarme con él sobre temas sobre los cuales estaríamos aún hoy de acuerdo, a pelearme con él sobre puntos de desacuerdo. El deseo, que rechaza la muerte, de dialogar y de discutir aún con Vittorio sobre las ideas que nos unían y sobre las que nos separaban, me impediría, por tanto, tener esa serenidad necesaria para orientar al lector sobre su valor científico intrínseco. Para mí, las ideas que compartía y las que en cambio me llevaban a oponerme a Vittorio no pueden tener sólo un valor científico: tienen pues, inextricablemente, un valor personal. Si ningún autor puede ser objetivo al valorar su propia obra, yo, en mi duelo, lo sería ciertamente menos de cuanto puede perdonarse.

Dar a conocer al lector qué, en PC-DE, se debe sobretodo a Vittorio y qué es atribuible sobretodo a mí, puede conciliar las necesidades mínimas de un prólogo  —enumerar al menos las ideas centrales del libro— con mi incapacidad de ofrecer una evaluación crítica objetiva de los contenidos teóricos y clínicos de la obra. Compartir este conocimiento con el lector, además, puede hacer comprensible cómo, del cuerpo conceptual de este libro, se fueron ramificado, en los años posteriores a su publicación, dos diferentes trayectorias de investigación clínica y de reflexión teórica, una seguida por Vittorio y la otra seguida por mí.

Vittorio y yo abrazábamos con entusiasmo, desde principios de los años setenta del siglo pasado, el proyecto de dotar a las terapias cognitivo-conductuales de una teoría del desarrollo y de una teoría de la estructura, capaces de explicar cómo se originan y cómo se organizan entre ellos los contenidos del conocimiento (creencias o beliefs, expectativas, constructos) objecto del análisis clínico y de las intervenciones típicas de esta perspectiva psicoterapéutica en aquel entonces naciente. A partir del originario proyecto conjunto, cada uno de nosotros aportó a la empresa común del libro algunas competencias, que uno y otro había particularmente desarrollado.

-La contribución específica de Vittorio a PCDE se refiere principalmente a la atención prestada, en el libro, a la epistemología. De Vittorio, entre nosotros dos, fueron las primeras y más atentas lecturas de los escritos de Karl Popper y, sobretodo, de Imre Lakatos. Suya fue la intuición de que las ideas de Lakatos sobre los programas de investigación científica podían ofrecer un guía útil (una especie de metáfora-guía) también para describir cómo se organiza, en cada ser humano, el conocimiento del sí mismo. Siempre fue de Vittorio la idea (basada en la lectura de otro epistemólogo, Polanyi) que —además de las creencias verbalizadas características del conocimiento explícito que el individuo tiene de sí mismo y del mundo–  también procesos y estructuras de otro nivel, tácito, de conocimiento deberían ser objeto de la atención del terapeuta cognitivo. En otras palabras, Vittorio buscó en la filosofía de la ciencia y del conocimiento – y no sólo, como yo, en la psicología cognitiva experimental – el armazón conceptual necesario para formular hipótesis sobre el conocimiento del sí mismo: sobre cómo se organiza el conocimiento del sí mismo, para cada individuo, en una estructura compuesta de diferentes niveles interconectados y que interaccionan entre sí, implicando tanto modalidades tácitas como modalidades explícitas de elaboración, mantenimiento y cambio de recuerdos y significados. Mientras la psicología experimental no ofrecía modelos conceptuales suficientemente amplios y articulados como los que eran necesarios para la empresa teórico-clínica que nos habíamos fijado, la epistemología parecía ser capaz, al menos a nivel de estímulos conceptuales heurísticos, de procurarlos.

Mi particular contribución a PCDE deriva de la recogida sistemática, a la cual me había dedicado durante unos años, de datos clínicos relativos a la estructura de significados atribuidos por diversas categorías de pacientes en psicoterapia no sólo a la experiencia directa de sus trastornos emocionales, sino también a los acontecimientos interpersonales implicados en la génesis y en el mantenimiento de esos trastornos. Parecía imposible distinguir, para cada uno de los al menos cuatro síndromes psicopatológicos, un núcleo específico de tales significados interpersonales (la terapia cognitiva hasta ese momento no se había mostrado particularmente atenta a la dimensión interpersonal de las cogniciones correlacionadas a los trastornos emocionales). Las observaciones clínicas que había realizado, y sistemáticamente discutido, durante años, con Vittorio y con otros colegas de nuestro Centro di Terapia Cognitiva di Roma (mientras Vittorio, al mismo tiempo, compartía con nosotros sus indagaciones en el ámbito de la epistemología), parecían adaptarse al esquema general de organización del conocimiento del sí mismo que Guidano iba elaborando a nivel teórico. Pero era necesario un ajuste entre observaciones clínicas (que incluían también las narraciones que los pacientes hacían de la propia relación con los padres durante los años de desarrollo) y esquema teórico (que requería tomar en consideración niveles tácitos y acríticos de conocimiento del sí mismo, potencialmente diferentes en su origen de aquellos verbalizados y por tanto potencialmente más accesibles a la reflexión y revisión crítica). Este ajuste o ensamblaje nos lo proporcionó la teoría del apego, elaborada completamente por John Bowlby una década antes de la publicación de nuestro PCDE.

Una vez más fue Vittorio Guidano, explorador rápido y incansable de las novedades más importantes emergentes en el ámbito de la epistemología evolucionista, el primero en señalarme, desde 1972, la obra de Bowlby. Después, por varias razones contingentes, fui yo más que Vittorio quien mantuvo contacto con el psicoanalista “hereje” de Londres (en aquel tiempo, Bowlby era considerado, por la comunidad psicoanalítica, como un autor bastante alejado de la ortodoxia, porque estaba demasiado cerca del evolucionismo de Popper, del cognitivismo y de la psicología del aprendizaje). La relevancia de la teoría del apego para nuestro proyecto de dotar a la terapia cognitiva de fundamentos teóricos adecuados a los problemas relativos al desarrollo y a la estructura había sido pues intuida primero por Vittorio, y después explorada más detalladamente por mí.

Como puede inferirse de estas notas, la primera parte de PCDE fue escrita prevalentemente (aunque no exclusivamente) por Vittorio, y la tercerca prevalentemente (no exclusivamente) por mí, mientras que la segunda parte es aquella escrita verdaderamente “a cuatro manos” por ambos. Pero las partes del libro que tratan sobre la teoría del apego ponen un límite a esta reconstrucción esquemática de cómo el libro tomó originariamente forma. Desde el primer capítulo se habla de la teoría del apego, y estando dicho capítulo dedicado a las premisas teóricas, también las páginas que en él se dedican al apego son prevalentemente fruto de la pluma de Vittorio. A pesar de eso, el lector que esté atento notará una nota (la número 2) al final del capítulo, en la cual se pone en duda la validez de cuanto se afirma en el texto, donde se trata del proceso de desapego  (detachment) considerado como una polaridad opuesta al proceso de apego. La nota es obra mía. La existencia de una parte del texto y de una nota que afirman tesis contrapuestas testimonia una divergencia de opiniones entre los dos autores de PCDE. Una divergencia expuesta mediante una nota, como solución de compromiso. Una divergencia pequeña en esa época en la amplitud del libro, pero destinada a amplificarse en los años posteriores a su publicación.

Después que PCDE fue publicado en el 1983, Vittorio y yo seguimos trayectorias distintas. Vittorio continuó con la exploración de los procesos cognoscitivos que caracterizan la identidad personal, iniciada en este libro. A través de una originalísima conceptualización del Sí mismo entendido como un proceso autopoyético complejo, Vittorio llegó a formular una versión de la psicoterapia que llamó “post-racionalista”. Entre los trastornos psicopatológicos no tratados en este libro, la atención de Vittorio terminó concentrándose sobre la esquizofrenia. En toda la obra de Vittorio Guidano posterior a la publicación de PCDE, los resultados de la investigación empírica más reciente sobre el apego tienen una influencia relativamente modesta. Contrariamente, yo he continuado dedicándome básicamente a las aplicaciones clínicas de la investigación sobre el apego, que iban progresivamente extendiéndose al gran tema del apego desorganizado (aún no identificado en la época de la colaboración con Vittorio). Los resultados de tales investigaciones invitan a indagar, más que los procesos de construcción de la identidad personal, predilectos como tema de investigación para Vittorio, los procesos de conciencia. La adhesión al paradigma del apego conduce a interesarse en detalle a las vicisitudes de la relación terapéutica más que a un modo específico de conducir la psicoterapia cognitiva (llamado post-racionalista por Vittorio). Más que a la esquizofrenia, las reflexiones sobre la influencia de los procesos de apego en la génesis de trastornos emocionales non tratados en este libro dirigen, en la actualidad, la atención sobre los trastornos post-traumáticos, y en particular sobre los trastornos disociativos y los trastornos límítrofes de personalidad. Así pues, temas sobre  los cuales he escrito después del 1983 son la conciencia, la relación terapéutica y los trastornos limítrofes y disociativos. Como se puede ver, la divergencia de opiniones entre Vittorio y yo sobre el rol y el valor de la teoría del apego (tal como la formuló Bowlby y cómo ha sido explorada en la investigación empírica), que había sido apenas apuntada en el texto del primer capítulo de este libro y en la nota 2 de ése, se amplió hasta conducirnos en dos direcciones distintas: el Sí mismo para Vittorio, la conciencia y sus funciones (metacognitivas, Teoría de la Mente) para mí; la psicoterapia cognitiva post-racionalista para Vittorio, las dinámicas de la relación terapéutica para mí; la esquizofrenia para Vittorio, y los trastornos disociativos y limítrofes para mí.

            Espero que la sumaria descripción que acabo de ofrecer, de las trayectorias seguidas por los dos autores de PCDE, en los años posteriores a su publicación, pueda asumir de manera no demasiado insatisfactoria la tarea de un prólogo escrito a veinte años vista del texto: indicar con claridad al lector la esencia de lo que encontrará en este libro. Encontrará pues lo que precede o prelude al interés que un psicoterapeuta  – que se ha formado en la perspectiva del cognitivismo clínico pero (diversamente a lo que sucede en la terapia cognitiva estandard que no presta dicha atención) atento a los procesos cognitivos interpersonales, a su desarrollo y organización– puede desarrollar por la conciencia, por el Sí mismo, o por los trastornos que más clamorosamente interrumpen la continuidad de la conciencia y la coherencia de las narraciones autobiográficas. Encontrará no sólo una manera de comprender, en la clave conceptual de la psicología cognitiva, los trastornos mentales menos graves, sino que un modo de comprensión de los trastornos menos graves que puede abrir posteriormente una perspectiva teórica y clínica sobre aquellos más graves, sin que entre la conceptualización de unos y otros haya una discontinuidad evidente. Espero que una promesa tal justifique la atención que el lector en lengua española – una lengua tan amada y tan bien conocida por Vittorio Guidano – quiera dedicar a este nuestro libro.


Giovanni Liotti

Roma Italia



[1] Giovanni Liotti, MD

Scuola di Psicoterapia Cognitiva, Roma

Viale Castro Pretorio 116

00185 Roma (Italy)

 

* Traducción del original italiano al español por Empar Torres, Universitat de Barcelona.