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LISTADO
EDITORIAL SEXTO PISO en CUATRO VIENTOS
Breviario
del caos es uno de los retratos literarios más lúcidos
y contundentes que se hayan hecho sobre la precaria condición humana
en la modernidad. Y fue concebido por uno de los pensadores más importantes
e incomprendidos de nuestro tiempo: Albert
Caraco. En este pequeño libro, donde convergen el fragmento
imbatible y el epigrama cáustico, escrito con una elegancia y una profundidad
que inmediatamente nos recuerda a escritores de la inteligencia de Cioran, Céline y el Pessoa del Libro
del desasosiego, vemos reflejados nuestros más terribles temores y nuestros
más inconfesados deseos de exterminio, sin ningún tipo de lenitivo ni
ambages que pudieran atenuar el asco y la desesperanza frente a una
humanidad cada vez más atrofiada por una serie de valores y prácticas
que irremediablemente se dirigen al caos. Caraco
proyecta sus aforismos como si fuesen las balas asesinas de la hipocresía
reinante, y no deja espacio para lamentos timoratos ni eufemismos conciliadores.
Nombra las cosas como son. Pero en el fondo, como en todo buen pesimista,
irrumpe como una ola imbatible la luminosidad de su pensamiento. Breviario
del caos es el primer libro que se traduce al español de este gran
escritor, iniciando así, seguramente, el culto que se merece.
El
objetivo de presentar a Étienne de
El
crepúsculo de la cultura americana, ‘Notable Book’
del New York Times
Book Review, plasma una visión interna
del estado actual de la cultura estadounidense y de los diferentes escenarios
que puede enfrentar en un futuro. La glorificación de los valores corporativos, el consumismo
y entretenimiento masivos y el declive del sistema educativo son algunos
de los rasgos de la prevaleciente cultura de McWorld,
enaltecedora de lo que Berman llama la “personalidad
Prozac”.
El
primer libro de Roberto Calasso: uno de los más grandes personajes de la literatura
y del pensamiento de todos los tiempos. Como él mismo cuenta, éste es "un libro
atípico. Lo escribí en una fiebre, en tres semanas, cuando terminaba
de editar los escritos del propio Schreber,
Memorias de un enfermo de nervios. Nunca me había pasado nada
igual, nunca volvió a pasarme”. Sin embargo, en El loco impuro
ya se encuentran los temas que Calasso desarrollará más tarde en todos sus otros escritos:
la presencia de lo divino y de los dioses en el mundo, así como las
relaciones casi siempre violentas e infieles entre aquéllos y los hombres.
Pero, sobre todo, la manera en que los dioses se comunican con los mortales,
es decir: enloqueciéndolos. Calasso recrea, en forma de novela, el intrincado
evento que vivió el que fuera presidente de
En
el año de 1923, al final de sus residencia en la clínica de Kreulingen,
lugar al que ingresó a causa de que adolecía de recurrentes crisis nerviosas,
Aby Warburg decidió escribir un
“discurso de despedida” dirigido a los propios internos y a los médicos
de la clínica, con una nota que decía: “leído por primera vez delante
de una unprofessional audience”, con el
simple propósito de mostrar que ya estaba curado. En pocas páginas relata
su encuentro con los indios Pueblo, resaltando así los orígenes del
paganismo y de la magia. Pero sobre todo es una especie de palinodia
sobre el poder de la imagen, la imagen que cura y que hiere, la imagen
que continua rigiendo nuestro destinos. Sólo
el poder metafórico podía salvarlo. Él, que era un gran estudioso del
arte, se rinde ante la fuera que sólo la imagen puede expresar.
El
silencio de los dioses es un estruendoso eco que resuena entre el ingenuo
y bullicioso barullo de sinsentidos del racional y secular pensamiento
moderno. Desdeñando las peyorativas visiones del mito como mera fábula,
de la locura como simple enfermedad mental y del poder político como
producto de una racional renuncia a la satisfacción de los egoístas
apetitos humanos, Ayala Blanco afirma, en cambio, el poder del mito
como presencia real, de la locura como posesión divina y del ejercicio
del poder como despliegue de fuerza y de capacidad. Con un admirable
manejo de las mitologías hindú y griega, del pensamiento clásico, de
autores más contemporáneos no infectados por la soberbia autoreferencialidad
moderna (Nietzsche, Colli, Calasso)
y de los principales teóricos de la física cuántica (Schrödinger,
Heisenberg, Bohr),
el autor demuestra contundentemente que el pensamiento científico desembocó,
aunque por una vía muy distinta, en la misma conclusión plasmada en
los Vedas desde hace miles de años: el carácter ilusorio de todo conocimiento
humano de la realidad.
Existen
libros de un poder devastador que los hombres tratan de negar a toda
costa, sin lograrlo: El único y su propiedad, de Max
Stirner, es uno de ellos. No por nada desde
su aparición (1844) fue secuestrado por las autoridades, argumentando
que arremetía contra todos los valores, tanto religiosos como sociales,
que deben prevalecer en una sociedad sana y decente. Pero también fue
atacado con gran virulencia por Engels y Marx
en La ideología alemana. En suma, es un libro que desquicia las
susceptibilidades de casi todos los que tratan de salir de un tipo de
dependencia religiosa, para pasar a otra sin darse cuenta.
Estos ensayos, publicados en el centenario
del natalicio de Orwell, muestran lo atemporal
de su pensamiento, que sigue siendo de gran vigencia y utilidad para
comprender los principales fenómenos políticos contemporáneos. En este volumen es posible apreciar la génesis
de las ideas que Orwell plasmaría en su obra
cumbre, 1984, desechando la difundida idea de que los principales rasgos
de la sociedad que ahí dibuja (el newspeak,
el doublethink, las fervorosas demostraciones políticas, la homogeneidad
del pensamiento, etc.) los creó simplemente a partir de su imaginación
sin referencias concretas a las realidades políticas de las sociedades
humanas, totalitarias o no totalitarias.
Si aún fuese costumbre dedicar sus obras
a alguien, no sabría a quien dedicarle ésta. A nadie conviene: es demasiado
insensata para los serios, demasiado seria para los insensatos; demasiado
osada para la gente decente, resulta demasiado decente para quienes
presumen de no ser melindrosos; demasiado atrevida para los santurrones,
no es lo bastante para los incrédulos. Se opone demasiado a los prejuicios
heredados para que agrade a los que son sus esclavos. Predica que a
ninguno hay que contradecir, lo que contradice a quienes les gusta contradecir.
Habla bien de las mujeres, aunque habla mal de ellas. Celebra el amor,
aunque alaba la indiferencia; aplaude el cumplimiento de los deberes,
aunque preconiza los encantos de una vida ociosa; incita a la gloria,
pero asegura que pocos la alcanzan, o que pocos la disfrutan y que dura
tan poco, que es casi una quimera; inventa proyectos, aunque sostiene
que nada se gana con llevarlos a cabo. Es alegre, es sombría; es ligera,
es agobiante; quizás más huera que profunda; novedosa y ordinaria; trivial
y excelsa, luminosa y oscura, reconfortante y desoladora.
El
verdadero poder, invariablemente, adopta el rostro de ciertos seres
femeninos: las Ninfas. Y eso es algo que un dios como Apolo debe ocultar
a toda costa. Por eso decide apropiárselo, encubriendo así
su verdadero origen, el origen inasible de lo femenino. Roberto Calasso
nos narra con una maestría inigualable este robo fundacional.
Sin embargo, lo más importante todavía continúa
oculto: saber que el conocimiento proviene de la locura... la locura
que viene de las ninfas como un estado donde nuestra mente es invadida
por potencias que nos exceden y que nos transportan a estados de conciencia
que de otra forma pasarían inadvertidos. En alguna ocasión,
Calasso comentó que la posesión es “un punto fundamental
en mis obras. Es el lazo que las une y las atraviesa de arriba abajo.
La posesión es en realidad la base del conocimiento, y por eso
el poder más alto”. Y de la misma forma en que nos sumerge en
el mundo demencial de la
Grecia arcaica y clásica, también nos muestra, con un
ligero pase, con una continuidad apenas perceptible, la nueva identidad
de esos deliciosos y demoníacos seres a partir del magnífico
libro de Nabokov: Lolita. Además de estos dos escritos relacionados
con las ninfas, el resto del libro está compuesto por tres ensayos
más de una elegancia y claridad pocas veces alcanzadas. Uno que
funge de transición en el libro, donde hace una analogía
entre La ventana indiscreta de Hitchcock y los Vedas, y otros dos relacionados
con los libros en sí. Esencialmente con lo que Calasso considera
“El arte de la edición”.
Neil Paraday es un
escritor inglés de salud muy deteriorada, que ante un tardío estatuto
de celebridad, es engullido por la aspiración y el deseo de la alta
sociedad de codearse con una personalidad intelectual, convirtiéndolo
en un objeto de culto y de estatus social, sin siquiera molestarse en
conocer su obra. Como fiel aliado cuenta con un joven periodista, tan
ávido de protegerlo como incapaz de oponerse al torrente que todo lo
avasalla. Entre estas dos fuerzas se sitúa Paraday, el escritor-hombre quien experimenta el vacío y la
ineluctabilidad del destino, y cuya conciencia
de la fatalidad que le acaece no atenúa en lo más mínimo sus devastadores
efectos.
Mujeres adúlteras, mujeres asesinas, duquesas
convertidas en vengativas prostitutas e incluso mujeres tan perversas
como para morir fulminadas en los brazos de su amante, son algunos de
los personajes principales cuyas vidas amorosas narra el autor en estas
seis historias heterogéneas que, en palabras de Jules Barbey
d’Aurevilly“:..no son diabluras: son DIABÓLICAS,
historias reales de este tiempo de progreso y civilización tan deliciosas,
tan divinas, que, cuando uno se propone describirlas, parece siempre
que el Diablo las ha dictado”.
Es un relato delirante de quien fuera presidente de la Corte de Apelaciones de Dresde, Daniel Paul Schreber, en su calidad de enfermo mental, sobre la forma en que Dios decide confabularse contra él, instigado por su psiquiatra el Dr. Flechsig. Estamos hablando de un texto escrito por un loco, que sabe que está loco –con una lucidez inigualable–, y cuya conciencia de su condición no atenúa nada la fuerza y la contundencia de su vislumbre: la certeza de que el orden del mundo depende de él en tanto Dios ha decidido destruirlo. Memorias de un enfermo
de nervios es un texto poco conocido en español, pero que ha
tenido una importancia capital en algunos de los pensadores más
egregios de la modernidad. Freud desarrolló su teoría
de la paranoia con base en las Memorias (’El caso Schreber’); otro tanto
hizo Lacan (Escritos). Mientras que Elias Canetti (Masa y poder) y Roberto
Calasso (El loco impuro), desde perspectivas no psicoanalíticas,
más bien una ensayística y la otra literaria, acabaron
por reconocer la grandeza de este excepcional libro.
Sin ser un estudio erudito como los cientos
que más tarde comenzaron a aparecer y han seguido apareciendo hasta
nuestros días, este libro posee la cálida magia de los orígenes: pareciera
que estuviésemos leyendo el relato de un gran mitólogo sobre algún dios
escondido en el frío presente. Basta leer el subtítulo de este gran
texto para percatarnos que Nietzsche tuvo, en vida, un intérprete a
su altura: Un ensayo sobre el radicalismo aristocrático. El ensayo viene
acompañado de la correspondencia que entablaron Brandes y Nietzsche
desde el 26 de noviembre de 1877 hasta el cuatro de enero de 1889, además
de un artículo necrológico que Brandes escribió en 1900, año en que
Nietzsche muere. En pocas palabras, tienen frente a ustedes un testimonio
inigualable, una joya cuyo resplandor continúa iluminando los orígenes
del mito Nietzsche.
Pirsig plasma en este maravilloso libro el significado
mismo de lo que el viaje representa en nuestras vidas: ya sea como el
seductor anhelo de experimentar aventuras a través de diferentes lugares
en un sentido estrictamente físico, o como el recorrido por parajes
de carácter puramente espiritual. Zen
y el arte de la mantención de la motocicleta conjunta ambos sentidos,
apareciendo a nuestra mirada como un gran viaje iniciático,
cuyo vehículo es una motocicleta. Una de las grandes enseñanzas de este
relato, que a la vez es una reflexión sobre la filosofía de todos los
tiempos, radica en mostrarnos que de las cosas más simples y a primera
vista menos relacionadas con el carácter profundo del mundo, como lo
puede ser una motocicleta, podemos extraer la savia misma de la existencia.
El viaje de Pirsig, por analogía, es el viaje
de todo aquel que de alguna forma esté buscándose a sí mismo. Y el resultado
generalmente es inesperado, sobre todo cuando, como le sucedió al autor,
el punto de llegada y el punto de partida se encuentran fuera de él,
en un otro, en un alter ego, en este caso llamado Fedro,
clara referencia al tipo de locura benéfica de la que habla Platón.
Pirsig y Fedro, su doble, son las
dos caras del viaje que es la vida misma. Al final lo único que queda
es una ligera certeza: los nombres cambian, mientras el viaje continúa
indefinidamente. |
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